La Rioja

La continencia del San Bernabé ‘meón’: el astro respeta a la tradición

Había incertidumbre más que fundada entre los cofrades de San Bernabé y de la Cofradía del Pez sobre lo que podría ocurrir en la mañana de este martes. Porque los logroñeses doblegamos año tras año a las tropas francesas, pero con el astro ya es otro cantar. La ‘Pachamama’ manda.

En cambio, la amenaza de otro San Bernabé ‘meón’ se ha quedado en apenas eso: un temor que no ha enturbiado el tradicional reparto del pan, el pez y el vino ni tampoco la procesión de los patrones de los logroñeses, que solo han tenido que abrir los paraguas en su tramo final para cobijarse de los fríos goterones que se han querido sumar a la fiesta.

Todo ha sucedido según marca las tradiciones. La antigua, con una ciudad rendida a la evocación del mayor triunfo bélico que se le recuerda. Y la nueva, con el saqueo del boj del Arco de la calle Portales en cuanto el último músico había pasado bajo su estructura. Qué pena. Dan ya igual las medidas que tome el Ayuntamiento para proteger la joya de la corona en las fiestas patronales, pues el incivismo ha aprendido a burlarlas y ante esto poco se puede hacer. Así somos. En eso lo hemos convertido entre todos y solo nuestra es la solución. Respeto y educación, no hay más.

Por lo demás, la procesión de este año ha estado inevitablemente marcada por la transición que experimentará el Consistorio logroñés dentro de cuatro días. Cada cual encaja las despedidas a su modo: concejales con el rostro más apenado, otros que aprovechan la recta final de mandato para desprenderse de la siempre acuciante presión del protocolo…

Y las miradas más inquietas buscando a los que serán oficialmente miembros de la nueva corporación el próximo sábado. Se han quedado con las ganas los impacientes, pues los nuevos ediles han sabido respetar los tiempos y han permanecido ajenos a la procesión este 11 de junio.

Siempre hay algún vecino dispuesto a recordar eso del ‘tempus fugit’ a quienes se hubieran abstraído del cambio de ciclo en el Ayuntamiento de la capital riojana en un día como el de San Bernabé. Como ese espontáneo que a las puertas del Revellín le ha recordado a la alcaldesa que lo es en funciones: «Dale, alcaldesa, que esta es la última». Y lo fue. Aunque esta ciudad lleve cinco siglos luciendo a gala su heroica capacidad de resistencia, que nadie se engañe: el tiempo pasa y la vida sigue. Mejor o peor, pero sigue. ¡Viva San Bernabé!

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