La Rioja

La laguna «mortal» del campo de golf de Logroño

Un policía local de Logroño, Eduardo Justa, ha publicado este martes un comunicado después de patrullar el campo de golf de Logroño, donde un golfista de 85 años murió este lunes tras caer a la laguna del mismo: «Yo también caí accidentalmente a ella (con facilidad) y ya advertí de su peligrosidad». El fatal suceso es el segundo que se produce en este parque de similares características -el anterior ocurrió en 2012- y también murió otra persona.

«Sólo está acotado para impedir el paso a jabalíes (que estropearían la zona del ‘green’), así que cualquiera puede acceder. Niños también», ha criticado Eduardo Justa –conocido por su perfil ‘Policía social en la Red’-, indicando que han crecido unos pocos juncos en la periferia de la laguna, justo alrededor de la tela asfáltica negra, que permite que el agua permanezca estancada y no se filtre.

El relato

El cielo estaba preciosamente estrellado y casi pisamos sin querer a una pata ‘encamada’, que abrazaba con su ala a unos polluelos diminutos que se inquietaron con la luz de las linternas. Gracias a ellos, nos distanciamos y retrocedimos hacia la izquierda, observando una especie de palo gris cuyo mango sobresalía del agua.

En ese momento no sabíamos qué objeto podía ser, pero al bajar la mirada a nuestros pies pudimos observar las huellas de unas pisadas tratando de remontar la suave inclinación, pero mortal, de la negra tela asfáltica recubierta de líquenes y la marca de todos los dedos tratando de salir de allí y agarrarse a la tierra… pero resbala. No digo que las huellas sean necesariamente de la persona fallecida ayer, desconozco cómo, con qué medios y por dónde entraron a rescatar el cadáver.

Leo en los medios de comunicación digitales que la persona «…ha quedado enganchado en la tela del fondo de la laguna, y no ha podido salir». Desconozco las investigaciones y prefiero no preguntar ni inmiscuirme en el trabajo de nadie. Tampoco cuento nada que deba callar porque lo haya conocido con motivo de mi profesión.

PRINCIPIOS DE 2012

Una soleada mañana de domingo paseaba por los caminos que bordean la laguna acompañado de Mote (un perro setter adoptado), el perrillo de mis padres y un amigo con su hija y sus padres. Reconozco la infracción: llevaba a Mote suelto. Como hacía calor para él, en un momento de descuido lo vi a treinta metros meterse en el ‘green’ y dirigirse a la laguna. En aquel entonces no había vallado antijabalíes para dificultar el acceso.

Como era de esperar, se metió dentro a bañarse y le resultaba imposible salir porque la tela asfáltica y los líquenes resbalan. Fui hasta él, lo saqué con cuidado y, como una broma de cámara oculta, el perrillo de mis padres se lanzó nada más sacar al otro. Como mi amigo estaba al lado, intentó agarrarlo rápido, cayendo también él a la poza. El gesto de su cara era de susto mientras se resbalaba intentando salir y cometí el error de ofrecerle instintivamente el brazo antes de calmarnos. Resultado: los dos al agua.

Sus padres e hija, desde el camino a unos treinta o cuarenta metros de distancia, miraban sin entender mis gestos con el brazo. Les gritaba que fueran a pedir ayuda al restaurante. «¿Qué harán esos dos tontos en la orilla que no salen?», podría pensar cualquiera. Finalmente, ya empapados, mi amigo consiguió calmarse y salir poco a poco de pie con mucho equilibrio (no había tantos líquenes como ahora en la goma). Yo vi una cuerda anclada en la tierra que penetraba en el agua (único sistema de seguridad), que por suerte estaba a sólo cinco metros, y nadé hasta ella.

Fue un susto y una mala experiencia. Aquello tiene peligro para las personas y los animales y no volví a pasear por allí. Avisé al guarda de La Granjera de lo ocurrido y me contó que tan solo unos años antes otra persona había sido encontrado muerto en la laguna.

Tal es la trampa del lugar, que avisé de su peligro al concejal Javier Merino, a través de mensajes privados de Twitter, proponiéndole algunas ideas para que quien cayera pudiera agarrarse y salir: mallazo superpuesto a la tela asfáltica, trenzado de cuerdas… No sé, hasta creo que aquello podría quedar bonito y evitar el peligro si el contorno inclinado se revistiera de piedra natural. El concejal respondió rápido y resolutivo, manifestando que destinarían una partida presupuestaria para ello.

También hablé con la responsable del campo de golf, quien aclaró que, según la autopsia, la persona murió de un infarto, no ahogado. Anoche comprobé que el peligro seguía igual y que sólo se habían instalado dos flotadores en el amplio perímetro de la laguna, que si te encuentras jugando sólo nadie te podrá lanzar y, probablemente, ni escuchar, porque la laguna se encuentra en la parte más alta de la zona ya que dará riego a los campos.

Al finalizar el servicio y comentarlo con los compañeros, varios insisten en la obligación que existe de cercar todas las balsas de riego para evitar, precisamente, los numerosos accidentes y ahogamientos que se producían antiguamente.

Seguramente se lleve a cabo de forma sistemática, pero me gustaría saber si en aquella autopsia que dictaminó, según se dijo, que murió de infarto en vez de ahogado, se le comprobaron posibles restos en la uñas de los posibles líquenes u otras sustancias. Yo no descartaría sufrir un infarto cuando ves que te estás ahogando. No es imposible, pero resulta difícil caer sin vida sobre el césped y rodar hasta el interior de la laguna. Obviamente, se llevaría a cabo una investigación que acabó en la Fiscalía y en un juzgado, en donde se aportarían todos los datos.

Siento que en la ciudad donde trabajo exista un lugar tan bonito y tan negligentemente gestionado. Siento que a alguien le siente mal lo que escribo. Que entre él o ella a solas en la laguna a recoger el palo de golf que anoche aún estaba medio sumergido. Ayer no se publicó su nombre, pero descanse en paz.

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