CARTA AL DIRECTOR

Lágrimas en la lluvia

Foto: Rubén Lapuente Berriatúa

Sucede que alguna vez llueve en Semana Santa. Sucede que desde el portón entreabierto de la Iglesia ves a un niño, a ratos, asomar la cabeza. Mirar el cielo juntando con súplica las palmas de las manos.

Ves aparecer su manecita abierta y no es precisamente para pedir monedas de lluvia de limosna que para eso está ese señor que trabaja de pobre todos los días en el zaguán de la puerta de la Iglesia.

«¿Cuándo es la hora? ¿Cuándo nos toca?», dice mirando hacia la penumbra fresca de la parroquia, hoy nerviosa.

El benjamín se estrena como cofrade niño. Es su primera Semana Santa. Sólo los niños cuando sueñan dormidos continúan la vida y él aún no sabe que cuatrocientas veces en cuatrocientos años la fe de sus mayores ha punzado ya en su espalda memorias de primavera, de música de tambores y cornetas, de bullicio, de mágica luna de parasceve…

Ansía oír: «Señores, todos por igual, valientes. Al cielo con él».

Hoy no estrenará lágrimas su vela encendida. No habrá tachuelas de cera por las oreadas callejas. No se mecerá el Nazareno en alas de alguna saeta rota. No soltará el trono amarras como una goleta encallada mirando las enfadadas olas…Que en el charco del cuenco de su mano redobla aún el tambor de la lluvia.

Oh demudado capirote. Oh pequeño cofrade del llanto que no quiere consuelo, que no quiere acabar de llorar…

«¿Cuándo es la hora? ¿Cuándo nos toca?»

Rubén Lapuente Berriatúa

la luna de parasceve es la luna llena más bella de los cofrades.

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