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Balada al atardecer

UD Logroñés - Gimnástica de Torrelavega | Foto: Eduardo del Campo

Hubo un tiempo que esta parte de Euskadi olía a hierro, a gravedad, a sobredosis de brumas y vientos tempestuosos… Hubo un tiempo que la primavera nunca acababa por llegar por estos lares, donde llovía a cántaros, para agrandar una sensación de ahogo ambientada por el rock euskaldun que escupían las megafonías ochenteras propias del infrafútbol.

Ya no visita Urbieta Fito Cabrales. Acude la chavalería a ver al equipo de su pueblo mientras se lanza cáscaras de plátano como divertimento durante una tarde cualquier de domingo. Suena en Urbieta reggaetón, el ‘speaker’ presume de micrófono inalámbrico a pie de campo, hay 25 grados y mangas cortas en una tarde primaveral fantástica, la hierba está seca en esta parte de la España verde… y los campos sintéticos evitan las ‘otrora’ encerronas.

Enloquece aquel purista del ‘RH negativo‘, porque los niños vascos no tienen complejos por comer en un McDonalds un domingo cualquiera. Porque no pasa nada: incluso estando tan cerca como está el árbol de Gernika.

Y uno ya no sabe si está en Gernika, en Burgos, en San Fernando… No llueve desde hace semanas sobre Urbieta, y el responsable riega en su justa medida: “Le voy a dar un poco más al riego que con este calor se secará rápido”, sin comprender que al rival le va mejor un campo rápido que uno lento. Gente de Ley por Gernika. No se ocultan las armas y ni se le complica la vida al visitante. No hay hierro ni óxido ni encerronas por estos campos del norte.

Todo está en orden, la calma es total. Lejos queda Lemona. Urbieta es un paraíso para la contemplación. Con su río en calma, con sus patos en calma, con sus parejas descansando sobre sus mantas sesteando en una pradera verde perlada de margaritas.

Hay un pequeño puente de madera, suena de lejos un partido de infantiles, la gente toma café en una solariega terraza. Una brisa ligera recuerda que a no muchos kilómetros el Cantábrico lame las costas de Urdaibai. Antes las descarnaba, ahora simplemente las acuna. Insisto, 25 grados, ligera brisa, sol… Y un partido de fútbol sobre un campo de hierba artificial. Y uno se frota los ojos para tratar de comprender tanta relajación, tanta distancia con lo que fue una vez el fútbol vasco: espeso, embarrado, húmedo, pesado…

Hasta que pita el colegiado, claro. Entonces, se nubla el cielo, se encharca el césped, se agria el carácter del rival, y no hay quien se atreva a poner el balón sobre el césped. Entonces todo se acorta, no hay espacio para la distracción y el disfrute. Los de la terraza sí disfrutan, pero los futbolistas sufren un repentino dolor de cabeza y de almorranas. Nadie baja la pelota, todo el mundo choca; y el fútbol, entonces, queda elevado a los infiernos del infrafútbol con el sello propio de la competitividad vasca, que le permite ganar pocos partidos ante presupuestos mayores, pero que vende cara su piel para no perder casi nunca. Decimosexto empate del Grenika, que se irá a Tercera habiendo empatado más que nadie, habiendo arriesgado más bien poco. Porque le sigue importando aquello de no perder mucho, sin observar que de uno en uno el descenso está prácticamente garantizado.

Así que el ‘cerocerismo’ inicial se observa del lado visitante como un mal menor, teniendo en cuenta que le ha vuelto a salir una jornada perfecta a la Unión Deportiva Logroñés tras las derrotas del Mirandés y del Barakaldo.

No dispuso de ocasiones el equipo de Sergio Rodríguez, salvo un disparo lejano de Marcos André que se marchó por encima de la portería de Carrio. Y menos tuvo el Gernika que empujó hasta el borde del área para chocarse contra un equipo, el riojano, que es perfecto en defensa. Así que la conclusión que saca la expedición riojana es que cuando no se puede ganar, lo mejor es empatar, y que ante partidos tan trabados el no haber cometido errores, el haber mantenido la portería a cero es un premio que sin duda curte, y mucho, de cara a tener más opciones en el próximo playoff de ascenso, que cada vez está más cerca. Porque los riojanos no ganan, pero es que casi nadie lo está haciendo en este tramo de la temporada. El asunto se iguala tanto que hasta los blanquirrojos sueñan con la posibilidad de ser segundo a final de temporada. Las Gaunas será clave en la consecución de este hecho.

También lo será el acierto de cara a portería. Porque de nuevo anda el equipo espeso en la suerte final. Dos jornadas sin marcar, sin celebrar, sin tener éxito ante la portería contraria. Porque también es verdad, que Sergio Rodríguez no es de arriesgar. El pragmatismo lo inunda todo. Y está dando resultados, porque este equipo sufre en Gernika al compás de una balada futbolística en una tarde de primavera impropia del Grupo II. Baladas en Urbieta, lo que hay que ver.

Ficha técnica
UD Logroñés: Miguel; Juan Iglesias, Caneda, Bobadilla, Iñaki; Olaetxea (Pedrito, min. 78), Andy, Salvador, Rayco (Santos, min. 90); Marcos André y Ander Vitoria (Víctor López, min. 60).
Gernika: Carrio; Aimar, Kevin, Koldo, Carracedo, Parra; Enziondo (Gandiaga, min. 79), Torrealdai (Zabala, min. 86), Abaroa, Larrucea; y Pradera (Santamaría, min. 72).
Goles: No hubo.
Árbitro: David Recio Moreno (Comité Navarro). Amonestó a los locales Torrealdai (min. 83) y al visitante Marcos André (min. 81).

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