La Rioja

Davalillo, el castillo que cambió y cambiará la historia de San Asensio

Siete kilómetros. Esa es la distancia entre el Castillo de Davalillo y el pueblo que se debate entre ejercer el derecho de retracto y quedarse con él –tras la compra de CVNE– o dejarlo en manos de la compañía vinatera. Y seis días. Es el tiempo que queda para que esa decisión deje de ser un murmullo constante en San Asensio y se materialice.

Porque hay una fecha que pasará a la historia de este municipio: el 23-M. Este día la votación popular dejará a las claras qué es lo que realmente piensa San Asensio: sin miedos, sin silencios, sin opiniones a medias… Y es que esto es lo que lleva pasando en las últimas semanas, incluso, podría decirse que meses, desde que en diciembre comenzara el runrún de que CVNE estaba a punto de cerrar la compra de Davalillo.

En NueveCuatroUno hemos querido comprobar ‘in situ’ lo que ocurre. Y lo que realmente pasa en San Asensio es que Davalillo, a pesar de estar a siete kilómetros, está metido en las casas día sí y día también. Es el ‘monotema’. Pero aun así cuesta que la gente hable a las claras. «Yo, maja, no quiero hablar, que no voy a votar porque no estoy empadronado». «Yo tengo mi opinión, pero tengo un bar y no quiero problemas». «Yo detrás del mostrador oigo de todo, hay posturas con las que estoy más de acuerdo y con otras que no, pero tengo que respetarlas, porque al final estoy de cara al público. Esto no me lo saques en la tele, ¿eh?». Son pequeñas muestras de lo que cuentan a ‘micrófono cerrado’.

División de opiniones entre amigos y vecinos

En el bar, entre afines, se oyen opiniones tajantes: «Menos gastarse el dinero en el castillo y más en un centro de día o en mejorar el transporte», defiende con decisión una señora entre sus amigos. Esta es la sensación de muchos de los que están en contra de ejercer ese derecho a retracto y asumir la compra y rehabilitación del Castillo de Davalillo: si las administraciones públicas les dan dinero para recuperar el bien histórico, no lo harán para otros servicios. En esa línea se expresa Silvestre Ruiz, un vecino de 66 años. No se esconde al hablar, pero subraya que «los políticos prometen mucho, y ahora estamos de cara a las elecciones… Pero (Carlos) Cuevas -consejero de Fomento- ya dijo que si hay dinero para unas cosas, no hay para las otras. Los de la Plataforma dicen que sí habrá dinero… No sé, la verdad».

«El pueblo está dividido, están las cosas revueltas. Además, son cosas que no se pueden ni hablar, se ha creado un ambiente tan hostil que si sacas la conversación lo único que puedes hacer es enzarzarte», admite Silvestre. Él es partidario del no. «Yo creo que hay cosas más importantes que el castillo. Porque si estuviera en el pueblo… pero está a siete kilómetros».

Clara Martínez de Salinas no es autóctona, ni podrá votar el sábado porque no está empadronada, pero vive en él y tiene un negocio hotelero en la localidad. «Que venga una empresa como CVNE, que no es una empresa cualquiera, creo que va a poner a San Asensio en el mapa. Va a ser bueno para el pueblo, para los negocios, para todos», apunta. «Yo entiendo el sentimiento, el origen del pueblo está en Davalillo, pero recuperarlo es un pozo sin fondo y no es fácil de gestionarlo», concluye.

Pero como dividido que está, y sin buscarlo, encontramos las mismas opiniones al sí que al no. Agurtxane Redondas es de las que se decantan por comprarlo. «La gente está equivocada cuando piensa que si se destina dinero al castillo no va a haber para otras cosas, son partidas diferentes», señala. Pero sí deja claro que cada uno vote lo que quiera y a partir de ahí se acabe el debate: «Es cierto que hasta en las mismas cuadrillas hay problemas».

Algunos como David Requeta, miembro de la Plataforma por el Castillo de Davalillo, lo tiene claro y no lo esconde: «Soy partidario de que sea del pueblo de San Asensio y que sea público. Se dicen muchas cosas sobre lo que va a hacer CVNE, etc., yo soy partidario de que lo hagamos nosotros porque es un lugar que forma parte de nuestra historia viva, de un yacimiento arqueológico que son los restos del pueblo inicial de donde nosotros provenimos».

Para calmar a los temerosos por la cuestión de la partidas presupuestarias, reflexiona en voz alta: «Es asumible con las subvenciones que se están dando: un buen ejemplo es la partida del 1,5% cultural que acaba de recibir San Vicente de la Sonsierra». «Ahora es el momento en el que realmente tiene un precio adecuado (el castillo) y los arreglos pueden ser asumibles», recalca.

Sobre las tensiones entre amigos, vecinos y familia, David reconoce que «en algún momento hay discusiones, pero como en un partido de fútbol por el Madrid o el Barça… La única opción que ha quedado es elegir». Y eso es lo que harán el próximo fin de semana.

Davalillo cambió la historia de San Asensio, gestando su origen, y ahora también la cambiará, porque, pase lo que pase, nada será igual.

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