La Rioja

Y ellas volvieron a hacer historia: un movimiento imparable

El 8-M constata en Logroño que es un movimiento imparable

¿Y cuántas son? ¿Y cuántas somos? ¿Y qué más da? Las mujeres riojanas han vuelto a hacer HISTORIA. Con mayúsculas. Sin paliativos. Las cifras no importan cuando el centro de Logroño se colapsa con un grito unánime por la igualdad. Feminismo al poder. Ya no hay quien lo pare. Perdieron el miedo hace mucho tiempo.

«Abriremos ventanas para luchar contra aquellas personas que nos cierran las puertas». Que corra el aire. Ni una ni dos ni tres. Las mujeres han abierto tantas ventanas y tantos huecos en un sistema que las discrimina y las sigue discriminando como personas han salido a la calle.

Desde que el primer pie ha cruzado el paso de cebra de Vara de Rey hasta que lo ha hecho el último han pasado más de cuarenta minutos. Una marea. Una riada. Llámalo quieras, pero el adjetivo que tiene detrás sólo puede ser uno: imparable.

Si lo difícil no es llegar sino mantenerse, el 8-M ha mandado un nuevo aviso a navegantes. Ha llegado para quedarse. Después de la jornada histórica vivida el año pasado con la calle Portales a reventar de ilusión, en 2019 le ha tocado el turno a Vara de Rey, Gran Vía y Bretón de los Herreros. Y con las elecciones a la vuelta de la esquina, los bolígrafos no paran de tomar nota.

Detrás de la ruidosa cabecera, ‘Hoy y siempre, vivas, libres y combativas’, cuatro altavoces y mucha juventud. Adolescencia y ganas de cambiar el mundo. Y detrás de ellas, más mujeres, más hombres, más niños, más perros, más experiencia, más política, más canas, más sueños y más ganas de cambiar el mundo. Más de todo.

De eso va esto, de hacer una sociedad más igualitaria en la que no haya ninguna discriminación por razón de tener un aparato reproductor u otro. «Sola y borracha quiero llegar a casa». «Por vosotras y por las que vienen». «Quien ama no mata ni humilla ni maltrata».

Sin las mujeres no hay revolución. Y todavía hay quien no quiere o no puede darse cuenta. Allá él. Allá ella. El 8-M camina firme hacia delante y promete llegar muy lejos. Más aún de lo que ya lo ha hecho. Empezó en 1857. Un grupo de trabajadoras textiles decidió protestar por primera vez en Nueva York. Hoy, a miles de kilómetros de la Gran Manzana, su grito resuena en las gargantas de las herederas de un movimiento escrito en femenino plural.

«Porque juntas, como hermanas, amigas, compañeras de lucha, vecinas, familia, codo con codo, somos más fuertes y llegamos más lejos porque nuestra fuerza nace de la unión de nuestras individualidades, diferencias, similitudes y diversidad», han señalado al finalizar la manifestación. Palabra de mujer.

Se les ha notado, se les ha oído, se les ha visto, se han hecho visibles las ocultadas, se ha escuchado a las silenciadas, se ha visto a las invisibles y hasta se han hecho presentes las ausentes. Han salido a la calle por ellas y por todas. Y no van a parar. No tengas ninguna duda. No se van a ir y no se van a callar. No van a dar ni un paso atrás. Y si lo dan, será para coger impulso. Viva el 8-M y viva la igualdad.

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