Retrato de La Rioja

Criadoras de una vida efímera que alimenta

Ana y Raquel Pérez Sáenz. 38 y 40 años. Quel. Criadoras de pollo de engorde

Reportaje fotográfico: Clara Larrea ©

Hay personas que van por la vida como pollo sin cabeza, y las hay que encuentran su cabeza a través de los pollos. Podría ser un juego de palabras, aunque en el caso de las hermanas Ana y Raquel Pérez Sáenz (Quel, 40 y 38 años, respectivamente) es el reflejo de lo que han sido sus últimos tiempos en la granja de pollos Avícola Rioja.

Ana Pérez Sáenz, 40 años.

Estas queleñas se decantaron por la rama de Administración y Dirección de Empresas y Empresariales en lo referido a la formación académica, ambas en la Universidad de La Rioja. Tenían claro que la formación era importante para su futuro.

“Mi padre fue quien vio la posibilidad de que entre las dos montáramos una explotación ganadera de primer nivel”

Y aparentemente todo iba por esos derroteros, los del mundo administrativo: Raquel en una empresa conservera y Ana en una oficina bancaria…. hasta que con el segundo embarazo se quedó sin trabajo. Corría 2010 y entonces surgió una oportunidad. “En realidad mi padre nos engañó”, ríen. ¿Cómo que les engañó? “Fue quien vio la posibilidad de que entre las dos montáramos una explotación ganadera de primer nivel”, explican.

No fue algo casual: su padre también tiene su granja de pollos y antes empezó en el sector su abuelo, aunque con un tamaño más humilde. Y es que las instalaciones que desde finales de 2010 gestionan Ana y Raquel crían a la vez 330.000 animales. “Son las más grandes de este tipo en La Rioja”, precisan.

Raquel Pérez Sáenz, 38 años.

Sin embargo, la aventura de criar pollos no la llevan de forma individual: están integradas en el Grupo AN, una de las cooperativas agroalimentarias más importantes de España en los mercados de cereal, frutas y verduras, avícola… “Nosotras recibimos a los animales con horas de vida y los criamos hasta que se llevan a sacrificar”, especifican. En total, 45 días pasan en las once naves que componen la explotación de estas riojanas.

“En el sector no extraña que seamos mujeres al frente de una explotación avícola”

Pero, aunque no se quiera caer en tópicos y estereotipos, no cabe duda de que dos chicas jóvenes no son el perfil más frecuente al frente de una granja de pollos. ¿Y cómo lo recibe el mercado? “En el sector no extraña que seamos mujeres, hemos tenido algún gesto un poco raro con algún trabajador de otras culturas, pero más porque les mandara una mujer, si bien esa tensión se ha ido limando con el paso del tiempo”, apuntan. Y esa presencia es notable. “De hecho soy la presidenta de la cooperativa avícola AN”, aclara Ana.

Pero qué mejor que conocer en primera persona de qué se trata la explotación… Impresiona estar bajo el mismo techo que 30.000 criaturas, las que hay en cada nave, en plena fase de cambio. “Los habéis pillado en plena adolescencia, con la muda de pluma, en transformación a lo que luego será el animal adulto”, explican. Efectivamente: la parte de la cabeza y el cuello es de pollito y el resto es de ejemplar en ciernes.

Caminando entre los animales nos van comentando algunos de los detalles que hacen de este trabajo una actividad dura en ciertos momentos y más relajada en otros. “Un mes lo tienes muy liado y al siguiente hay más libertad; además una parte buena es que tú te puedes gestionar el tiempo”, apuntan. El mes más liado es cuando toca limpiar las instalaciones y prepararlas para la llegada de otra remesa (entre cinco y seis al año), y el período más tranquilo el de la cría en sí.

Entonces llega un detalle, a nuestros ojos, sorprendente. “Trabajar por las noches es duro”. ¿Por las noches? “Sí, por las noches es cuando se cargan y descargan, el traslado en la oscuridad es mejor para la calidad de la carne, se estresan menos, están más tranquilos, se dejan coger más”, indican. “Luego está el tema de las alarmas, que suenan en el móvil, por las noches, por cualquier sensor que salta”, explica Raquel, la encargada de supervisar este aspecto.

Las instalaciones son modernas, están automatizadas y mecanizadas, pero aun así hay que recorrerlas y supervisarlas a diario. “Ver que todo está bien, que todo funciona, que no hay animales muertos, porque el pollo es muy sensible y cualquier proceso de estrés mínimo les afecta o se empachan, son muy ansiosos”, cuentan.

Pero aunque sea un trabajo que exige dedicación (junto a ellas y su padre están también tres empleados), tiene aspectos positivos: “Lo podemos compaginar con nuestra familia, con la crianza de nuestros hijos (tres Ana y dos Raquel)”. Aunque sobre todo es la satisfacción de que han encontrado la ocupación de su vida. “Nos vemos aquí a largo plazo, esperemos que poco a poco con más rentabilidad, porque de momento estamos en fase inicial, pero esto nos gusta”, concluyen.

Y no solo les gusta a ellas, también a muchos estamentos que les han premiado con distintos galardones por su ‘Proyecto sostenible’ (reutilizan también el cieno para estiércol), por ‘Mujeres rurales’ a través del Ministerio de Agricultura, entre otros. Un proyecto de vida, a través de vidas efímeras…

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