Firmas

Carta al director: ‘El cinco, el gordo de Navidad en La Rioja’

Nieva de Cameros | 20 de abril de 2018

Por Rubén Lapuente Berriatúa

El cinco es el número de la suerte en la escuela rural riojana: su gordo de Navidad. Por debajo de esa cifra, la pizarra apaga su luz y ya nadie borrará ese último monigote o esa manecita de tiza de su atlas verde…, bueno, hasta que la semilla de los besos, tan escasa por aquí, dé una nueva cosecha de criaturas.

El cinco hace que el maestro abra la puerta de la escuela del pueblo. Y no importa que el horizonte de la fila sea demasiado desigual, los cinco serán una piña: los mayores cuidando de los más peques y estos repartiendo su inocente dulzura, y todos a la vera, vera, del magisterio del maestro.

Ahora vuelven los mismos de siempre a llenarse la boca de despoblación, de olvido, sacando nuevos decretos cuando los anteriores pasaron de refilón por estos pueblos de Cameros Nuevos y Rioja Baja, quizá porque sólo daban un escaso puñado de votos, y tan necesitados de que algún político se bajase en su humilde pero orgulloso andén.

Nuevos decretos cuando casi todos se han ido ya a la capital a ser ese eslabón más de una cadena. Un poco tarde para poner el reclamo de una guinda en la veleta de cada torre. A estos pueblos, sobre todo, se viene por recuerdos de infancia. Y para quedarse a medrar en ellos, no basta que tengan noches de silencio, o pureza en el aire, o luna bailando en el agua, o huellas de corza en la nieve u hojas amarillas decorando tu melancolía…

Para que alguien se instale aquí, para atraer a nuevas familias, lo primero que habría que solucionar es que esa mágica banda ancha de Internet no se quedara en el cartel de ‘bienvenidos’ de cada pueblo. Qué emprendedor va a venir por aquí, si sólo en un rinconcito de la casa se despereza el móvil. ¡Si aquí se navega como con un bote a remos en alta mar!

La semilla de los besos que da una cosecha de criaturas hay que buscarla con discriminación positiva para cualquier fondo que venga a combatir el abandono; con campañas personalizadas para cada pueblo, pero que la hicieran profesionales cualificados con cada ayuntamiento o mancomunidad, y sobre todo con imaginación, fijándonos en lo que están haciendo y con éxito, otras comunidades.

Sí, estar en los escaparates de la modernidad con un abanico abierto de progreso que ofrecer… y alguien vendría para quedarse. Y aunque sea tan sólo para ganar tiempo a lo casi inevitable, por lo menos dar a luz a ese mágico número cinco, nuestro gordo de Navidad, porque como no haya alboroto con sol de la infancia en la plazuela de estos pueblos, todas estas piedras, lentamente, se vendrán abajo, y la solitaria herida del tiempo irá encallando la rueda de nuestra memoria, llevándosela para siempre a ese oscuro rincón tan imposible de encontrar, tan oculto, allí por donde habita el olvido.

*Puedes enviar tu ‘Carta al director’ a través del correo electrónico o al WhatsApp 600830812.

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