La Rioja

Los disturbios en Francia ‘atrapan’ a cinco riojanos en Burdeos

Los disturbios en Francia ‘atrapan’ a cinco riojanos en un restaurante

El puente de la Inmaculada está siendo más movidito de lo esperado para un grupo de riojanos que decidió hace semanas visitar Burdeos. Javier, Adrián, Álvaro, Diego y Pablo pasan estos días en el sudoeste francés, donde los disturbios y la violencia también están presentes tras las importantes manifestaciones que se están produciendo en todo el país. La revolución de los llamados ‘chalecos amarillos’ les ha pillado de vacaciones. Ya van más de 1.400 detenidos y más de un centenar de heridos.

«Ya sabíamos lo de los chalecos amarillos y nos habían dicho que el sábado había manifestación desde la Plaza de la Bolsa, que iban a cerrar edificios y museos», cuenta Javier a NueveCuatroUno desde la capital de Nueva Aquitania. Tras visitar Saint Emilion y Libourne -ciudad hermanada con Logroño- a primera hora del día, estos cinco amigos han regresado a Burdeos para seguir conociendo la ciudad. Turismo, turismo y más turismo.

«Al sentarnos a comer, ya hemos visto bastante meneo por las calles, pero todo era una manifestación pacífica», relata. Todo se ha torcido alrededor de las cinco de la tarde. A esa hora, cuando los jóvenes riojanos se querían acercar a la Plaza del Ayuntamiento y a la torre de Pey-Berland para ver una panorámica de la ciudad, se han dado cuenta de que la zona estaba, literalmente, tomada por la policía.

«No nos han dejado entrar a la plaza y nos han empezado a picar los ojos, no podíamos parar de llorar, se nos ha metido en la garganta… y ya hemos visto que estaba todo muy tenso. Las tiendas estaban cerradas o preparadas para cerrar en cualquier momento», sigue contando Javier, quien destaca que los disturbios ocurrían de repente y en un muy poco tiempo. Todo pasaba en el corazón de esta localidad portuaria.

«Estabas en una calle tranquilamente, pasaban diez minutos y ya se había formado el cisco. A los diez minutos, volvía todo a la normalidad», comenta, por lo que han decidido ‘refugiarse’ en un restaurante para reponer fuerzas. En una bocacalle cercana a la plaza del Grand-Théâtre, una de las salas de espectáculos del siglo XVIII más bellas del mundo.

Cuando ya estaban sentados en la mesa de este tranquilo restaurante, han visto cómo las camareras han cerrado las puertas: «Había unos cuantos chicos sin chalecos amarillos que estaban volcando contenedores y destrozando el mobiliario urbano. Entonces, las camareras nos han dicho que nos podíamos ir por una salida que había en otro lado». Previo pago de las consumiciones, claro.

Mientras tanto, entre personas con más miedo y nervios que otras, tres contenedores ardían en la carretera y la policía intentaba dispersar a los violentos. «Eso ha durado cinco minutos y luego hemos visto otra pelea, un detenido…». La rutina de un sábado lleno de violencia en Francia. «Se notaba que había mucha gente con chaleco amarillo que eran totalmente pacíficos, pero había un pequeño porcentaje de vándalos que la estaban liando como pasa en todos los sitios», concluye Javier. Están todos bien. Sólo ha sido una jornada de pequeños sobresaltos.

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