La Rioja

Los viejos roqueros nunca mueren

José Miguel y Begoña, en el puesto de venta de vinilos, en la plaza del Mercado.

Los domingos y festivos, en pleno corazón de Logroño, en torno a los soportales de la plaza del Mercado se podrían cuantificar miles de años si se sumara la edad del material que ahí se aglutina. También podrían contarse miles de historias, porque tras cada objeto hay una o varias vidas.

Valentín Sodupe es uno de los más veteranos en estas tareas. “Son más de treinta años”, reconoce. Su hobby es desde hace muchos años coleccionar monedas y todo lo que tiene que ver con la numismática. Echar un vistazo por sus álbumes de monedas y billetes es viajar en el tiempo y por todo el mundo.

Pero entre tanto, ¿hay también modas o superventas? “Lo que más se vende suele ser lo ‘económico’ y las novedades como, por ejemplo, ahora monedas de Estados Unidos, de Rusia o de Hungría; también tienen sus adeptos las monedas conmemorativas de dos euros”, explica Sodupe.

Aunque entre su colección hay de todo: mucha moneda nacional, también extranjera, actual, del siglo pasado, más antiguas… Sin embargo, más allá del habitual revoloteo que hay en torno a los puestos de este tipo, ¿se vende? “Bueno, imposible vivir de esto; en mi caso, centrarme en este puesto me ha ayudado para pasar un momento personal complicado”, admite.

Uno de los handicaps es la edad del aficionado. “No hay afición joven, la mayoría es mayor, de 50 para arriba; algunos incluso se van muriendo”, apunta Valentín quien consigue sus piezas en Logroño y en otras ciudades con comerciantes de ello.

Y en una sociedad que compra cada vez más por internet, cabe preguntarse qué papel tiene en este sector. “En internet se miente mucho, es muy fácil ver mentiras gordas. Además, de forma presencial, como es mi caso, no solo se vende, se explica la pieza, se contextualiza históricamente…”, subraya este logroñés que empezó con esta afición de niño, por circunstancias de la vida. “Mi padre se tuvo que ir a Francia y sus amigos también se tuvieron que marchar fuera y cuando volvían traían monedas y empecé a coleccionarlas”.

Mezcla de productos y de culturas

Dando un paseo por los diferentes puestos, uno puede encontrar casi de todo. Y es que, como se regula por ordenanza municipal desde marzo de 2015, en este mercado las mercancías permitidas son antigüedades y objetos usados de pequeño tamaño, excepto ropa y calzado; objetos propios de coleccionistas (monedas, sellos, billetes, libros, revistas antiguas, discos de vinilo, juguetes antiguos) y juegos de ordenador y videojuegos descatalogados.

En lo referido a la tipología de los vendedores, también un poco de todo: unos poquitos puestos de veteranos, de los que llevan toda la vida pasándose la mañana del domingo en la plaza del Mercado, y los que son de nueva generación, muchos de ellos de distintas nacionalidades.

Pero, ¿en qué momento se encuentra este mercado que se gestiona a través de la Asociación Cívico-Cultural Amigos del Mercado? De un tiempo a esta parte parece haber revivido, al menos en cuanto al número de puestos, y es que son más de setenta los autorizados, aunque muy pocas veces estos se ponen a la vez. “En el plano de las ventas, no sé qué pasa, pero los puestos protestan de que cada día se vende menos…”, admite el presidente de la Asociación, José Miguel Ochoa. Y también hay ‘estereotipos’: “las señoras son más de comprar figuritas y motivos de decoración y los hombres más de herramientas; la música, la filatelia o las monedas no entienden de género”.

Este roquero, como él mismo se define siendo fan de AC/DC aunque le gusten también artistas como Labordeta, vende discos de vinilo y películas, principalmente. Él, también es coleccionista a la vez que vendedor. “Ahora mismo los vinilos están caros para conseguirlos; pero claro, en mi caso además los limpio, los pruebo todos, no es como comprar a ciegas, lo que yo vendo, funciona”, recalca.

En este caso hay tres géneros que tienen más tirón: heavy-rock, jotas y rancheras. “Los viejos roqueros nunca mueren”, concluye Ochoa, entre risas. De momento, en la plaza del Mercado, está claro que los viejos roqueros nunca mueren.

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