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El triunfo de la perseverancia

Cuántos se han dejado algo en el tintero, a modo de: «Si hoy pudiera volver a intentarlo, lo haría con mayor ahínco». Porque esto va de no dejarse nada, de poner toda la carne en el asador, de dar rienda suelta a dos hechos imprescindibles: el talento y la edad para al menos intentarlo. Porque para correr hace falta talento, y el factor de la edad viene dado porque aunque nunca es tarde para correr sí es obvio que el tiempo pasa más rápido enroscado en el sofá.

María Miranda, en la feria del corredor que recibe a los atletas en Nueva York.

Y todo pasa, nada es eterno… salvo los recuerdos de lo vivido, de los éxitos alcanzados, de los retos superados. Todo eso que nos permitirá sentir el dulce sabor de la nostalgia cuando toque mirar hacia atrás. Cumplir años con la tranquilidad de saber que se ha dado el máximo para sacar partido a todo aquello que ha estado al alcance de la mano. Perseverar para conquistar nuevas fronteras, como eso de correr un maratón.

«Esto va de ponerse un día las zapatillas y hacer un primer kilómetro, da igual la edad, y verte un día cruzando la línea de meta del Maratón de Nueva York». María Miranda concreta con exactitud la razón para la que alguien está dispuesto a correr algo más de 42 kilómetros del tirón. «Yo empecé a correr con 48 años. Nunca había corrido». Y el domingo pasado, con 52 años cruzó la línea de meta del maratón más famoso del mundo. «Descubres que tras el primer kilómetros puedes hacer un segundo, y luego un tercero…». Y que la paren, María está que se sale, desborda emoción y felicidad por sus poros. «La llegada es increíble. Explotas de emoción», confiesa.

Diego Ibáñez agradece el apoyo del público durante el Maratón de Nueva York

Diego Ibáñez es otro de esos riojanos que estuvieron la semana pasada en Nueva York para correr esta importante cita deportiva popular. Su experiencia es más amplia, y hasta un maratón se le queda corto. Es de esos deportistas que se atreven con las pruebas ‘ultra’, que llegan a superar incluso los 100 kilómetros. Pero Nueva York, aún siendo para él ‘corta’, es especial: «Es un cúmulo de sensaciones. Como dice María, explotas de emoción. El ambiente es impresionante, la logística es espectacular, todo se hace a lo grande. Para ellos es como si fuera una fiesta nacional». Y Diego Ibáñez tira de hipérbole: «Tienes la sensación de que el público te daría un pulmón para que logres llegar hasta la meta».

Maica y Esther se conocieron un 15 de octubre de 2015. En la baja forma y en las ganas de progresar se forjó esta gran amistad que el pasado domingo les permitió superar juntas la línea de meta del Maratón de Nueva York, algo más de tres años después de haberse conocido a cola de grupo donde comenzaron a dar sus primeros pasos como corredoras. Relata esta aventura Maica Soria: «Nunca habíamos hecho ni un solo kilómetro. No sabíamos ni lo que era un 10k, ni una media maratón, ni nada… Hablaban en la actividad de carreras y todo nos sonaba a chino».

Confiesa que «como siempre nos quedábamos atrás del grupo, y empezamos a hablar más las dos y a conocernos». Paso a paso, conversación tras conversación fueron cogiendo la forma, mejorando, «y al mes y medio ya estábamos en Madrid corriendo una 10k; después de Madrid llegó nuestra primera media maratón, en Palma de Mallorca». Fue a los seis meses de empezar a correr. «A partir de allí ya no hemos parado». Llevan, siempre juntas, doce medias maratones: Amsterdam, Ibiza, Copenhague, Gotemburgo, Madrid… muchas de 10 k, y desde el pasado domingo pueden presumir de haber completado el Maratón de Nueva York. «Y sin andar. Todo el rato corriendo», tal y como confiesa Maica Soria en el vídeo que acompaña a este reportaje.

Maica y Esther con sus medallas que les acreditan como ‘finisher’ de este maratón.

Esther Samaniego es ‘finisher’ del Maraton de Nueva York. Y lo consiguió junto a su amiga Maica. «Esto empezó como un sueño, y al final se ha convertido en un regalo», explica para aquellos lectores que aún no comprenden por qué alguien se pone unas zapatillas y decide correr un maratón.

Han superado juntas seis meses de duros entrenamientos, para completar un reto que exige constancia, esfuerzo, sacrificio, «donde en varias ocasiones nos llegamos a plantear si realmente merecía la pena tanto ‘madrugón'». Pero hallaron la respuesta afirmativa: completar un maratón juntas, y tener para sí mismas un recuerdo imborrable: «Ha sido una experiencia inolvidable, y hemos sido muy felices», que al final es de lo que va esto, de lo que va la vida. Es el triunfo de la perseverancia.

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