El Rioja

Fernando Bóbeda: “Detrás de una botella hay mucho trabajo y, sobre todo, personas”

Si quieres saber prácticamente cualquier cosa de la vendimia 2018 en Rioja, tu hombre es Fernando Bóbeda. Él solo ha hecho más de mil kilómetros para visitar una treintena de localidades de toda la denominación de origen más antigua de España y hablar con más de sesenta bodegueros. No ha dejado títere con cabeza ni vino sin probar. Empezó cuando las pantalonetas todavía estaban por las calles y ha terminado casi con un plumas.

Desde el 1 de septiembre, el periodista logroñés ha estado a pie de viña para NueveCuatroUno y, una vez finalizada la vendimia, con las uvas a buen recaudo en las bodegas, es hora de hacer balance de todo lo vivido semanas atrás. Mucho disfrutar, pero también trabajar. Fernando Bóbeda nos cuenta su experiencia en ‘Diario de Vendimia’.

– ¿Cuál ha sido la mayor sorpresa de estos dos meses recorriendo las tierras del Rioja?

– Las ganas de comunicar que tienen los bodegueros sobre lo que están haciendo para cambiar el ritmo de Rioja. Al menos, las bodegas más familiares y que están por debajo de 100.000 botellas. Cuidan la viña, viven para ella, es casi una obsesión para ellos dar un paso adelante y hacer vinos con tensión, vivos, mejores. Todos lo sabíamos, pero también ver de primera mano el enorme trabajo que ha habido en el campo, ya que ha sido un año muy extraño en la climatología y la gente ha tenido que trabajar un montón para que la uva tuviera sanidad y calidad.
En resumen, dos sorpresas: el movimiento que hay para intentar cambiar el ritmo del Rioja y el intenso trabajo que ha habido en campo para salvar una vendimia que, finalmente, será buena sin más.

– ¿Cómo has vivido la vendimia a nivel personal?

– Ha sido duro sacar prácticamente un artículo diario, pero ha sido bonito de verdad. Hemos querido dar una visión de conjunto de la vendimia y ha habido que hacer un montón de llamadas, ir a decenas de bodegas, de viñas… He hablado con gente del vino, sobre todo gente joven, que está deseando comunicar lo que están haciendo. El ‘problema’ es que han sido dos meses en los que la vendimia se ha ido retrasando porque hubo dos-tres semanas excelentes de tiempo a final de septiembre y la gente intentó recuperar el mal tiempo del verano y la primavera. Casi se nos acaban los temas sin que empezara la vendimia. Recuerdo que hablamos mucho de los blancos en el Diario y, aunque queríamos, no podíamos publicar nada de tintos porque las bodegas seguían esperando para tener más calidad. Las primeras ‘verdaderas’ vendimias de tinto empezaron alrededor del 10 de octubre.

– ¿Qué sensaciones has visto en agricultores y bodegueros respecto a esta vendimia?

– La gente cuenta que van a convivir vinos normales con otros muy cuidados y excelentes de la gente que ha trabajado ‘bien’ el campo. Es decir, quien ha tirado uva, deshojado y ha trabajado mucho en julio y agosto. La vendimia va a ser buena sin más, en mi opinión hay demasiados kilos en las bodegas. Veníamos de un año malísimo por la helada de san Prudencio y la gente quería más kilos. Había miedo y han sido meses en los que el viticultor vivía mirando al cielo. Para colmo de males, el tormentón de septiembre retrasó la vendimia y trajo el miedo a la botrytis. Muchos han vendimiado primando la sanidad a la calidad. Hay que entenderlo.

– ¿Se le ha escapado alguna anécdota que no haya recogido en el Diario? Esas que se cuentan en la barra del bar.

– La verdad es que no ha habido muchos contratiempos. Yo me quedo con que todos, en cuanto pisabas la bodega, te abrían su casa y te trataban con la misma familiaridad que ellos quieren transmitir al público. Todos los momentos son buenos. Pero a veces, después de estar en la viña hablando y sacando fotos, sentarte en la bodega y compartir un trago sacado directamente de la barrica del vino de la viña donde has estado una hora antes, es de verdad precioso. Y es cuando se habla con mayor confianza.

– ¿Se queda con algún personaje?

– Ha habido muchos y muy variopintos. Sobre todo, te quedas con los mayores porque son los que más historias cuentan y lo han visto todo. Estás hablando con un joven y ves al mayor, al lado, que está dándole vueltas a la cabeza con una media sonrisa, como diciendo: “Te está contando una milonga…”. Ellos lo han vivido todo y callan más de lo que hablan, pero cuando lo hacen, te cuentan cosas con mucho fondo. ¿Personajes? No sé, Alfredo Valgañón por ejemplo, un viticultor de Villaseca que me contó historias de hace cincuenta años y fue entrañable. O la gente joven a la que ves hipotecada hasta arriba por conseguir su ilusión, que es hacer el vino que quieren. Un día me llamó un bodeguero emocionado después de leer su artículo. Es gente que nunca se ha visto en la prensa y le encanta, se emociona…

– ¿Cuál era el objetivo del diario de vendimia?

– Seguir una vendimia en el día a día, algo que no se había hecho nunca. NueveCuatroUno ha tenido el mérito de estar abierto a lo que pasaba en el día a día y no sólo a los partes oficiales del Consejo que informa de cifras o a las malas noticias climatológicas. La gente también tiene que contar buenas noticias en los buenos momentos, porque los hay, cómo trabajan, como viven la tensión del tiempo, la unión que hay entre muchos de ellos y cómo se apoyan…

– ¿Desconocemos los riojanos lo que ocurre en nuestro campo?

– Yo creo que en La Rioja hay mucho más conocimiento que en cualquier otra región porque en todas las familias hay alguien vinatero o relacionado con el vino. Hay una cultura vivida desde pequeños que hemos mamado, por lo que estamos mucho más abiertos a escuchar temas de vino.
Lo que hemos pretendido con el Diario es que cuando la gente vaya a un bar y pida un vino, sepa todo lo que hay detrás. El vino no es una pieza que sale siempre igual. Un año puede salir perfecto, otro mal… quince días antes, como ha pasado este año, cae una tormenta o la piedra y se va todo al garete. El objetivo final es sencillo, poner en valor el trabajo de mucha gente y hacer un homenaje a los vinateros que hacen buen vino y reconocerles un año entero de trabajo.

– ¿Y qué ha aprendido Fernando Bóbeda?

– El contacto con los bodegueros y los enólogos en el campo aporta mucho. Los periodistas que nos dedicamos al mundo del vino estamos casi siempre invitados a catas, bien tratados, y lo bonito es pisar la viña, ponerte las botas y mancharte de barro. Cuando estás con un viticultor que tiene una viña totalmente arrasada y otra a 200 metros que impecable, entiendes el día a día de estos hombres y valoras mucho más lo que hay detrás. La naturaleza manda y a veces nos olvidamos de ello. Cuando estás con ellos en el campo, te lo transmiten mucho mejor que cuando estás en una cata donde ves el producto final y es todo bonito. Hay que valorarlos en su justa medida.

– ¿Qué es lo mejor que tiene Rioja?

– El nombre que tiene, un prestigio ganado gracias al trabajo de personas de anteriores generaciones que ya se fueron y nos transmitieron su saber. Ahora, la preparación de la gente y este movimiento que intenta cambiar las cosas para hacer nuevos vinos. Hace veinticinco años había muchas menos bodegas en la denominación, pero ahora nacen nuevas de gente ‘pequeña’, que hace 30.000 ó 40.000 botellas, teniendo otra visión del Rioja totalmente diferente a la de bodegas que hacen millones de litros. Ambas son complementarias y necesarias, pero la novedad y el empuje viene de la nueva generación de enólogos que llega apretando fuerte.

– ¿Y cuál sería el artículo que le gustaría escribir en el Diario que no hayas hecho?

– Hay muchos que se han quedado sin escribir, pero me gustaría un artículo contando que hay veinticinco o treinta jóvenes viticultores de nuevas bodegas que han tomado el testigo de sus padres y que demostraran que el Rioja está en movimiento, que hay chispa y diversidad plasmándose en nuevos vinos fuera de las grandes tiradas. Las grandes bodegas ya tienen su hueco y la verdad es que tiran del carro, pero hay gente, sobre todo joven, haciendo otras cosas de un nivel tremendo y necesitan un empujón.

– ¿Repetimos la vendimia que viene?

– Claro que sí. Han sido dos meses intentando reflejar el mundo del Rioja desde muchos puntos de vista. Por aquí han pasado bodegueros, profesores de universidad, enólogos, jefes de campo, gente jubilada que sigue al pie del cañón, hosteleros, cuadrillas de vendimiadores, aficionados… El objetivo era transmitir la idea de que detrás de una botella hay mucho trabajo y, sobre todo, personas que unas veces disfrutan y otras sufren en el día a día del mundo del vino. Y eso, hay que valorarlo.

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