Retrato de La Rioja

Imprevistos con sabor a fresa riojana

Daniel Leza. Lardero. 30 años. Ingeniero agrónomo

Reportaje fotográfico: Clara Larrea ©

La vida está llena de imprevistos, que a veces se convierten en rutina. “Me gustaba el mundo del vino y me veía en una bodega… Y, ya ves, aquí estoy rodeado de fresas”. Así arranca el retrato de Daniel Leza (30 años, Logroño), un joven ingeniero agrónomo que ha puesto en marcha la marca Fresa Rioja.

Reportaje fotográfico: Clara Larrea ©

Sí, no es un espejismo, son fresas en La Rioja. Como cuentan los abuelos que había antes, sobre todo en la zona del Iregua, esas fresitas pequeñas, pero dulces, nada que ver con los fresones de Huelva. Y Daniel está en ello: “Digamos que estamos recuperando un cultivo que en tiempos se dio en la zona”.

Pero, como dice la primera frase de este retrato, no era lo previsto. “Quería poner en marcha un cultivo hidropónico, y en otras partes de España, como Huelva o Almería, se da… Y antes de comenzar con mi propio proyecto estuve viendo alguna cosilla en Andalucía”, explica Daniel.

La estampa es tan sorprendente como colorida y atractiva, con las fresitas rojas asomando, cual bolas en un árbol navideño.

Aunque quizás, para los no iniciados, como nosotros mismos, lo primero es poner en contexto qué es ‘hidropónico’: es un método de cultivo que en vez de utilizar el suelo agrícola para cultivar, utiliza un material inerte, en este caso la fibra de coco. “También se puede hacer con turba, pero lo probamos el primer año y nos gusta más la fibra”, precisa. “Al ser un material inerte sabemos que no aporta nada, pero también podemos controlar si hay que aplicarle potasio, nitrógeno, etc.”.

Pero si de imprevistos va esta historia, lo que no imaginábamos en NueveCuatroUno es que lo uno encuentra en el invernadero donde se gestan los frutos de Fresa Rioja… “Increíble”. Es lo único que se acierta a decir. Quizás porque inconscientemente lo que uno espera llegar ver es una plantación en el suelo y el suelo está vacío. Los ojos se giran hacia arriba… ¡hileras de plantas colgadas del techo, a dos alturas! La estampa es tan sorprendente como colorida y atractiva con las fresitas rojas asomando, cual bolas en un árbol navideño.

Reportaje fotográfico: Clara Larrea ©

Sobrepuestos del impacto inicial es momento de retomar la historia de Daniel. “Lo dicho, fuimos a ver cultivos hidropónicos al Sur, con la idea de aplicarlo a pimientos y tomates, pero vimos fresas y al final nos decidimos por ello”, admite. “¿Que si hemos acertado? No lo sé todavía. Este es el tercer año (campaña) que estamos en ello y la verdad que es bastante sacrificado para lo que supone”.

Y es que en esta aventura de la fresa, Daniel no está solo: sus padres, su hermana y su novio, e incluso su mujer, María, médico de profesión, pasan los fines de semana echando una mano. “Además de un chico que tenemos a jornada completa y yo, la familia me ayuda, sino sería inviable”, reconoce, al tiempo que precisa que en época de campaña cada dos días hay que recoger frutos.

“Una parte del invernadero era el campo de fútbol y la otra la pista de tenis”, explica entre risas, señalando las líneas todavía visibles.

Otra de las sorpresas de esta historia es el emplazamiento del propio invernadero… “Lo verás al final del camino, cogiendo un camino junto a la rotonda de la carretera que sale de Lardero hacia Alberite”. Así lo había definido el propio Daniel. Y, efectivamente, ahí estaba, pero, ¡dentro de la finca-casa en la que él ha vivido desde los 12 años hasta el año pasado que se casó (hoy siguen viviendo en ella sus padres)!

Aunque quizás la parte graciosa de ello está en recordar sobre qué se han alzado los 1.500 metros cuadrados de invernadero: “Una parte era el campo de fútbol y la otra la pista de tenis”, explica entre risas, señalando las líneas todavía visibles del juego de raqueta.

Reportaje fotográfico: Clara Larrea ©

Van transcurriendo los minutos cuando la presencia de un abejorro interrumpe la conversación y da pie a explicar las técnicas no invasivas que utilizan, poniendo en práctica el llamado ‘control biológico’, con insectos y otros sistemas casi más propios de la agricultura ecológica que otra cosa.

Si bien, nada está dejado al azar en las instalaciones de Fresa Natura o Fresa Rioja, dos de las marcas que tiene registradas Daniel Leza, además de Pasión de Fresa. A través de una pantalla, con un sistema automatizado, se controlan temperaturas, niveles de humedad, la radiación solar, etc. Ya en el techo, una pantalla plegada está lista para proteger del sol en caso de necesidad: “La fresa es muy delicada, no puede haber ni mucho frío ni mucho calor, la temperatura ideal es entre 18 y 23 grados”, precisa Daniel.

“En marzo ponemos las 25.000 plantas y comenzamos a recoger los primeros frutos a finales de mayo»

Pero no todo el año es igual de intenso para el joven, su actividad empieza en primavera. “En marzo ponemos las 25.000 plantas y comenzamos a recoger los primeros frutos a finales de mayo-principios de junio y así se mantienen produciendo hasta noviembre que recoge ya la última ‘florada”, explica… Estamos en esa última campaña de fresas, y huele que alimenta. “Coged, coged”, nos invita. La tentación es irresistible. “¡Qué sabor!”, acertamos a decir. Con esta calidad, normal que su producción no necesite salir fuera de la región y se venda íntegramente en Logroño, en tiendas de fruta y restaurantes. “A la gente inicialmente le sorprende que sean de aquí las fresas, pero tienen muy buena acogida”, apunta.

Y rodeado todo el día de una fruta tan agradable, ronda una pregunta… “¿Sigues comiendo fresas?”. Ríe antes de contestar: “La verdad que no, ya no como fresas de postre fuera de aquí. Al final entre que comes alguna de las malformadas mientras que estás trabajando y que estás todo el día con ello… no quedan ganas de comer más”. Aquí sí, se cumple lo previsible.

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