Retrato de La Rioja

El informático trotamundos nieto del sastre de Nájera

Oisin Miguel Okeeffe Ruiz. Nájera. 33 años. Ingeniero informático

En 33 años, la vida le ha llevado a habitar en Dublín, Londres, Yokohama (Japón), Vancouver (Canadá) y Nájera. Pocas personas pueden ‘presumir’ de un currículum así en un tiempo tan corto. “Una de las preguntas estrella es de dónde me siento… Mi pasaporte dice que soy irlandés y español. Y casualmente es donde menos tiempo he pasado: mis primeros dos años en Dublín y los últimos cinco en La Rioja; me da cosa decir que soy español, he estado más en Japón o Canadá, aunque me siento español”, explica Oisin Miguel Okeeffe Ruiz (1984, Dublín).

FOTOGRAFÍAS DE CLARA LARREA

Con un nombre así no es de extrañar que cuando le reclaman el DNI o le tienen que llamar para algo, en España elijan la versión latina, Miguel Ruiz, antes que la irlandesa de origen gaélico. “Incluso en el mundo anglosajón mi nombre es raro y mi apellido muy poco habitual, muy de Irlanda”, ríe, mientras lo apunta. Y es que resulta complicado esconder la mezcla de culturas que guarda en su ser este ingeniero informático, director de la empresa Double_ok, ubicada en Nájera.

“Incluso en el mundo anglosajón mi nombre es raro y mi apellido muy poco habitual, muy de Irlanda”, ríe

Su acento es curioso: no es lo que podría definirse como ‘riojano’, pero se defiende en español con giros muy populares, como la forma en la que narra la génesis de su vida: “En un momento, mi madre, que es de La Rioja, decidió ‘pirarse’ de España un ratito y acabó en Irlanda, donde conoció a mi padre, ahí se casaron y nos tuvieron a nosotros”. Es decir, a él y a su dos hermanas, una de las cuales vive en Madrid y la otra, en Malasia.

Tras pasar dos años de vida en la capital irlandesa, la familia Okeeffe Ruiz se mudó a Londres, lugar donde permaneció seis años como antesala al gran cambio de latitudes: Japón, exactamente en Yokohama, cerca de Tokio. “Allí viví diez años; mi familia, más. Terminé mi instituto y comencé a mirar universidad, miré por Europa, pero como al final ya estás fuera, pues busqué varias opciones. Al final me decidí por Canadá, en concreto, por Vancouver. Durante el curso estaba allí y en verano me volvía a Japón, donde trabajaba en un banco como informático”, explica.

Al término de su carrera universitaria llegó una de sus grandes decisiones: ¿Qué hacer?, ¿volver a Japón o seguir en Canadá?… Pero Vancouver la había enganchado más de lo esperado, tenía su vida, su ‘cuadrilla’, como él mismo lo cuenta. “Arreglé mi visado y entré en una empresa conocida a nivel de Canadá, llamada Lululemon, que creció un montón luego e incluso ha salido a bolsa. Allí me quedé otros siete años, así que en total en Canadá fueron unos once años”, precisa.

Y, como en casi toda historia, llegó el momento del desarrollo de la vida personal. “Ahí conocí a mi mujer, Tracy, que es de Pittsburg (Estados Unidos). Yo estaba en el departamento de ecommerce (comercio electrónico) y ella en el de inmobiliaria de nuevos locales y viajaba mucho. Pero tiene mucha familia y quería estar más cerca de ella, así que se fue a Nueva York…”.

“La gente pensará que al tener yo a la familia en España fui el que dije de venir aquí, pero fue mi mujer Tracy quien lo sugirió”

Tras un tiempo en la distancia, la intención de alimentar la pareja exigió una toma de decisiones: ¿Adónde ir? “La gente pensará que al tener yo a la familia en España fui el que dije de venir aquí, pero fue Tracy quien lo sugirió”, cuenta, con muestras de gran conexión con su mujer. Y entre tanto, Oisin habló con contactos que tenía y por casualidad le comentaron que necesitaban ayuda en ciertos proyectos de índole informática, a lo que el protagonista de este retrato sugirió la posibilidad de llevarlos a cabo en la distancia, desde tierras españolas, y accedieron.

Así llegaron a La Rioja. De eso hace cinco años. Al principio aterrizaron en Tricio, cuna de su abuela, y al año y pico ya se trasladaron a Nájera, lugar de procedencia de su abuelo, quien tenía una sastrería en la calle Mayor. En la capital del mueble abrió Double_ok, que en la actualidad tiene cuatro empleados. “Desarrollamos proyectos informáticos en multiplataforma. Además, hacemos ‘apps’ para Android e iOS, web que compartan funcionalidades, etc. Damos un servicio completo”, indica.

“El 80% de nuestros clientes son americanos, en concreto, de Nueva York, pero el objetivo es que que cada vez haya más de aquí, de España”.

De momento, “el 80% de nuestros clientes son americanos, en concreto, de Nueva York, pero el objetivo es que que cada vez haya más de aquí, de España”, admite. Y es que también en este ámbito funciona el boca a boca. “Más de lo que uno puede imaginarse, incluso en el propio Nueva York, de unos proyectos allí me han venido otros de Londres, de Londres otros de Canadá…”, reconoce admirado Oisin.

Ahora Double_ok se prepara para estrenar sede: un bajo, en pleno centro, a las puertas del casco antiguo, que era una cochera y está en proceso de convertirse en oficinas, pero al estilo anglosajón. “Yo no he trabajado con métodos europeos, así que el funcionamiento, según me dicen los propios chicos que están conmigo, es un poco diferente, americano. Y el espacio de trabajo también quiero que transmita lo que es la empresa, con amplios espacios, todo abierto, con un estilo industrial, tipo loft…”.

Una de las experiencias curiosas en el ámbito profesional ha sido la búsqueda de personal cualificado. “Digamos que el problema no es encontrar a gente preparada, porque las personas que han entrado están funcionando muy bien, tenemos un acuerdo de prácticas con el IES Comercio, etc.; la sorpresa ha sido que cuando he sacado alguna oferta de trabajo, como que a gente de Logroño venir a Nájera no le encajaba, en varios casos por distancia… Que en realidad está cerca”, apunta Oisin. Y es que para alguien que ha vivido en países con grandes distancias el modus operandi del riojano debe ser sorprendente, cuanto menos.

Tras un rato de conversación, llega el momento de atreverse a ciertas preguntas. ¿En qué idioma se hablaba en su casa? “Spanglish”, ríe. “Mi madre siempre ha intentado que habláramos español. Así que en general hablamos inglés y español, aunque yo el idioma que más controlo es el inglés y mi padre también el japonés e incluso el coreano, que aprendió él solo en sus viajes de avión por trabajo. La verdad que él, como una de mis hermanas, tiene un don con los idiomas, es muy bueno”, explica alguien que habla perfecto el inglés, muy bien el español y chapurrea el japonés.

Y los idiomas han sido precisamente la vía para que su mujer Tracy encuentre su desarrollo profesional en Nájera. “Hemos montado, bueno, ella es la que lo lleva, una academia de inglés, con profesores nativos”, relata. Así compaginan sus vida laboral con la personal. Porque ya no son solo dos. “Tenemos un niño de dos años y medio, Anderson, y una niña de diez meses, Mischa”, apunta Oisin al tiempo que alaba a su mujer. “Es cierto que tenemos familia aquí, mis padres viven ahora en Nájera, pero admiro la fuerza de Tracy, el arrojo para decidir ser madre en otro lugar…”.

Ni él ni su familia pasan desapercibidos. “Hombre, un rubio de ‘rulos’ (su hijo) no es lo más habitual por aquí”, admite con una gran sonrisa. Algunos le llaman el americano, otros el japonés… Pero cuando tiene que pronunciarse sobre dónde prefiere vivir, no despeja incógnitas. “No tiene respuesta. Cada sitio tiene lo suyo. No puedo decir más”, reconoce, a la vez que sale el tema de la gastronomía, no sería La Rioja si no se habla de eso. “El chuletón me gusta mucho. Pero también me gusta el sushi, tengo amplia variedad de gustos. Quizás es una de las cosas que echamos de menos aquí: que no haya más posibilidad de degustar cocinas internacionales, la cocina de aquí es muy rica, pero un poco igual. Nos gustaría poder ir a un tailandés un día, a un japonés otro, a lo que sea…”. Ahí han pinchado en hueso en tierras riojanas, más que si apuran el chuletón…

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