El Rioja

La chispa de los vinos de maceración carbónica en Rioja

Con los remolques descargando los primeros racimos de uva tinta en los lagares, los tradicionales tintos de maceración carbónica empiezan a tomar protagonismo en las pequeñas bodegas de La Rioja. Porque es este tipo de elaboración el clásico método de vinificación empleado desde tiempos inmemoriales en nuestra tierra.

De hecho, hasta que llegaron las modernas técnicas de trabajo desde Burdeos, era el único sistema de elaboración de vinos por un motivo evidente: no existían ni medios económicos ni materiales para el despalillado. El agricultor vendimiaba y llevaba la uva al lagar abierto, donde dejaba los racimos con raspón y comenzaba, poco tiempo después, la fermentación alcohólica. Eran los vinos familiares que se hacían para el consumo diario, tintos hasta un punto agrestes pero personales cien por cien. No había mayor placer para los abuelos que ir de bodega en bodega probando, a pie de lago, los primeros tintos de la cosecha.

Normalmente este tipo de elaboración se utiliza para tintos jóvenes, sin crianza en barrica, prefiriendo para los reservas y los grandes reservas uvas despalilladas. El resultado son vinos de un intenso color violáceo con una gran potencia aromática y recuerdos frutales, francos, fáciles de beber, ligeros y con un paso en boca chispeante. Son vinos que no buscan complejidad, sino carácter y alarde frutal, trabajados para consumir en el año. Pero que reflejan como ninguno las características de la añada a la que pertenecen, ya que la uva es la que habla sin enredos ni trucos enológicos.

Básicamente consiste en la vinificación de las uvas con raspón, enteras, en presencia de anhídrido carbónico y ausencia de oxígeno. Los racimos deben llegar a bodega enteros y en perfecto estado sanitario. Las uvas que están en la parte baja del lagar estallan por el peso de sus hermanas superiores, produciéndose un mosto que espontáneamente inicia la fermentación. Consecuencia directa es que el anhídrido carbónico producido desplaza el oxígeno y se inicia a su vez la fermentación en el interior de los granos superiores sin que éstos hayan roto. Por este motivo también se conoce a esta fase como ‘anaeróbica’.

Se piensa que únicamente se emplea para su elaboración la variedad tempranillo. Nada más lejos de la realidad. No se puede negar que es ésta la generalmente utilizada por la simple razón de que es la mayoritaria en nuestra DOC, pero los vinos de maceración carbónica aceptan cualquier casta, incluso el aporte de variedades blancas; algo lógico si pensamos que en los viñedos tradicionales estaban mezcladas con las uvas tintas. No hay, por tanto, presunciones técnicas cuando vemos que la etiqueta matiza un 5 o un 10% de viura.

El tinto de maceración carbónico más famoso es el Beaujolais Nouveau elaborado con la variedad gamay, un verdadero ejercicio de marketing francés que triunfa en el mundo. Pero muchos de los ‘carbónicos’ que actualmente se producen en La Rioja miran cara a cara al tinto del país vecino, superándolo sin complejos en multitud de catas. Una de las asignaturas pendientes de nuestra denominación, la de saber vendernos en los mercados internacionales. Poco a poco…

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