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El empate que no cesa

‘Olloniego’ da la bienvenida a todos aquellos que desean acceder al Nuevo Gandazal. Y para quien no sabe bable, ‘olloniego’ le suena a ‘hoyo negro’, y más cuando a la izquierda se deja una humeante fábrica de carbón que afea un entorno verde junto al río Nalón. Un hoyo negro en la cuenca minera baja unas brumas que invitan al patadón y tente tieso, a la doble espinillera, a la barba de cinco días y al juramento en cada lance. Lanero invita al contacto y no tanto al tacto.

En este hoyo la UD Logroñés se ha vuelto a dejar dos puntos, y ya suma un pérdida de seis cuando tan solo se han disputado nueve. Así que todas las alarmas se han encendido, porque es cierto que este equipo no pierde, pero tampoco gana. Y cuando el equipo está fabricado para ganar, eso del empate que no cesa se observa como un problema, y no como una virtud. Y aunque es cierto que se ve más cerca la primera victoria en liga que la primera derrota (ningún rival ha sido superior a los riojanos), casi todos ganan mientras que la UD Logroñés de Sergio Rodríguez no parece comprar que por encima del estilo están las victorias.

Porque de poco sirve el estilo cuando enfrente se sitúa un equipo intenso, bravo, enérgico, con el empuje habitual de los primeros partidos de liga para un recién llegado a la categoría, pero que acabará cediendo puntos ante otros favoritos porque esto es muy largo. Pero los riojanos ya se han dejado puntos en la casa de dos recién llegados a la Segunda B: estos dos de Langreo y los dos del debut en Tabira, donde el Mirandés le ha metido cuatro a la Cultural de Durango. Diferencias entre jugar para ganar, y competir para ganar.

Precisamente el carácter competitivo fue un elemento que lastró mucho al equipo de Sergio Rodríguez la temporada pasada. Fue competitivo, pero finalmente perdió con los de arriba y tampoco supo dominar con suficiencia a los de abajo. Este curso ha comenzado por la misma senda. Y de empate en empate, los objetivos no se logran.

Y claro que los riojanos han podido ganar en Ganzabal. Ocasiones tuvieron para ello. Una tuvo Ñoño, dos Ander Vitoria, otra Rayco, y una más Andy que se estrelló contra el poste. Pero fue tan previsible como en anteriores citas y los locales pudieron haberse llevado el partido en la última jugada del partido. Miguel la despejó cuando los locales celebraban la victoria in extremis. Así que este empate y este final dificultan observar a un candidato a estar entre los mejores.

Hay chispazos que invitan al optimismo, al igual que gestos que invitan a lo contrario. Y cuando los resultados no salen, el vaso se observa medio vacío. Las imprecisiones ofensivas se agravan por ciertas lagunas defensivas que animan a los contrarios. No existe rotundidad en el juego blanquirrojo, no se observa un dominio continuado, un empuje suficiente, y la ausencia de profundidad agita a los aficionados. Desde la horizontalidad constante es complicado superar a los rivales, que con el orden habitual de este Grupo II se sienten cómodos ante un rival que sale por los laterales y acaba por el centro. Esto es todo. Insuficiente para ganar, como se está demostrando.

Ficha técnica

UP Langreo: Elías; Cristian, Alain, Zubiri, Dani López; Héctor, Riki; Omar (Javi Sánchez, min. 65), Ábalo (Samba, min. 73), Aimar; y Sergio Ríos (Cabranes, min. 92).

UD Logroñés: Miguel; Santos, Caneda, Bijimine (Salvador, min. 62), Juan Iglesias; Borja Sánchez (Marcos André, min. 76), César Remón, Andy, Ñoño (Rubén Martínez, min. 69); Rayco y Ander Vitoria.

Goles: No hubo.

Árbitro: Gorka Etayo Herrera (Colegio Vasco). Amonestó a los locales Cristian (min. 18) y Dani Ábalos (min. 72) y a los visitantes César Remón (min. 57), Bijimine (min. 59) y Juan Iglesias (min. 93).

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