Tras dos días mirando al cielo con temor, los agricultores de Rioja Alavesa arrancan la semana examinando con incertidumbre al terreno. No será hasta dentro de unos días cuando la brisa y el calor sequen las zonas más inundadas y, solo entonces, puedan acceder a los viñedos para evaluar con precisión los daños generados por las tormentas de este fin de semana.
Leza ha sido el municipio más afectado por el intenso viento, el pedrisco y la precipitación acumulada. Los agricultores están «desesperados». «Hace dos años hubo que tirar uva buena, pero desde entonces todo han sido desgracias», señalan desde el Ayuntamiento de la localidad alavesa.
Y a pesar de que «en torno al 90% de los viñedos de Leza están asegurados», la desazón es la nota dominante entre los viticultores, ya que «lo que necesitan es vendimiar».

De hecho, aunque los técnicos de la Casa del Vino y la Diputación Foral ya han comenzado a inspeccionar el terreno, desde el Consistorio reclamarán que declaren zona catastrófica a las parcelas más afectadas por el pedrisco y el viento, ya que «hay viñas que no van a coger ni 100 kilos por hectárea», cuando los rendimientos permiten hasta 6.500.
Desde el Ayuntamiento de Navaridas, otra de las localidades de la ‘zona cero’, van más allá y reclaman a la Diputación ayudas «para la gente que lleva varios años invirtiendo en arreglar los destrozos, bien sea eximiéndoles del pago de ciertas tasas o a través de una compensación», ya que «necesitan una salida de emergencia y sentirse respaldados».


