El Sereno

La carta de un padre de Logroño a sus vecinos: “Perdonad, babead y gracias por ser tan majos”

Vuelves a casa después de una larga jornada de trabajo y ves que en el portal alguien ha pegado un cartelito. «Vaya hombre, ya está el vecino cascarrabias regañando al personal». Mientras subes lentamente los escalones, tu mente elucubra los posibles asuntos del mensaje: «¿Habrán tirado colillas en el hueco del ascensor? ¿le pedirán a la señora del sexto que baje el volumen de la tele y suba el del sonotone? ¿rogarán a la pareja de recién casados que acaban de instalarse en el cuarto más discreción en la búsqueda de su primer retoño?».

Te vas encendiendo a cada paso, especialmente cuando temes que sea una nueva convocatoria de la comunidad para anunciar una derrama. Pero no. Cuando te plantas frente al cartel te das cuenta de que tienes ante ti la última esperanza de la bondad humana. Te frotas los ojos para descartar que estés soñando porque detrás de esa carta hay un vecino ha decidido compartir la buena nueva del nacimiento de su segundo hijo de una manera que hace imposible no sonreír.

Mientras tus ojos se deslizan por las palabras, escritas con una caligrafía envidiable, comprendes que han brotado de un hombre superado por la paternidad pero que, aún así, se resiste a tirar la toalla. Al ‘papá de las dos criaturas’ -que es como firma la misiva- le ha tocado lidiar con Diego, que apunta maneras de tenor, de rebelde o de ambas cosas a la vez.

La falta de sueño convierte en tirano al más bendito con un mal despertar, pero el autor de nuestra carta está hecho de otra pasta. Él no es como ese vecino al que tienes que arrancarle su valoración sobre el tiempo de ese día en el ascensor porque siempre está malencarado. Nuestro héroe no utiliza su «cara amargada, las ojeras ni la voz ronca» como pretexto para huir cuando alguien quiere ver de cerca a Diego.

Así que valgan estas líneas para reconocer públicamente nuestra admiración por la actitud cívica y positiva de este vecino de un edificio de viviendas de una céntrica calle de Logroño, que se agradece mucho más en una época de alta tensión. Este es el texto íntegro de la misiva:

«Estimados y queridísimos vecinos:

Ya somos uno más en esta comunidad tan singular. Se llama Diego y tiene la costumbre de llorar y cagar todas las horas que dormimos y nos ponemos a ver la tele. En su nombre y como padre, os pido disculpas.

Podéis saludarnos y pararnos para babear con Diego, pero no tengáis en cuenta si tenemos cara amargada, ojeras, voz ronca y tendemos a alejarnos, lo agradecemos de corazón y, creedme, pasará.

Por lo demás, gracias por ser tan majos y para cualquier menester estamos en el ….

Fdo: El papá de las dos criaturas».

*Puedes enviar cualquier ‘denuncia’ para la sección ‘El Sereno de NueveCuatroUno‘ a través del correo electrónico o al WhatsApp 600830812.

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