La Rioja

Van un argentino, un chileno y un italiano…

Van un argentino, un chileno y un italiano… lo que podría ser el comienzo de un chiste no puede estar más cerca de la realidad que vive en la actualidad el Monasterio de Valvanera, donde el pasado mes de noviembre recalaban tres monjes del Instituto del Verbo Encarnado (IVE) para realizar las tareas que hasta ahora habían hecho los benedictinos -ahora en otra congregación por falta de personal-.

Andrea Versaneti (Italia), Cristóbal Armijo (Chile) y Agustín María Prado (Argentina) forman la nueva comunidad de Valvanera. A los tres monjes les acompaña Saji, natural de la India, quien reside en el monasterio haciendo las veces de “todero”. “Es el que hace todo”, explica María Prado, sobre todo las labores de mantenimiento del templo riojano y cualquier recado que necesiten los sacerdotes. Es el único que no hace nada que tenga que ver con la religión.

El padre Pedro Merino (San Millán de la Cogolla) y Agustín María Prado (Valvanera)

Agustín María Prado, natural de Mendoza, acaba de cumplir 31 años. Tiene esa ironía que caracteriza a los argentinos, le gusta el fútbol y es hincha de Boca Juniors. Tras llegar a La Rioja, ha comenzado a hacer pequeñas incursiones por la región: Santo Domingo, Logroño, San Millán, Cañas… sería un buen compañero para recorrer la calle Laurel, pero la devoción le ha llevado hasta este pequeño rincón de la Sierra de la Demanda. No lo descartamos para una próxima ocasión.

¿Cómo ha sido la llegada?

Ha sido muy buena. La gente nos ha acogido muy bien. Estamos cómodos y la gente se ha acercado a ofrecer ayuda. Nos ha impactado la devoción y el amor que los riojanos tienen a la virgen y al monasterio. Estamos muy contentos y esperamos poder llevar adelante la misión que se nos ha encargado.

¿Cómo estáis trabajando en ella?

Llegamos en noviembre y ahora es cuando menos actividad hay en el monasterio. Por lo pronto, simplemente es llevar la vida monástica adelante con la celebración de la santa misa, el canto en el coro… estamos haciendo eso, aunque también nos estamos presentado a la gente y dándonos a conocer. Sólo con eso, la gente ya está muy contenta. Parece que les gusta mucho que seamos jóvenes. Nos dicen que eso les da alegría y esperanza.

¿Qué es lo que más le ha sorprendido del lugar?

La tranquilidad del lugar y el ambiente. El entorno es preciosísimo. Hay silencio y soledad, lo que nos ayuda mucho en la vida monástica. También para la gente, ya que hoy en día busca mucho retirarse un poco del trajín del día a día, de la ciudad, el correr, el trabajo… y para eso el Monasterio de Valvanera es algo único. Está en una montaña y un valle donde no hay nada, simplemente el monasterio. La gente puede retirarse ahí y pasar unos días, ya que también tenemos el restaurante, podemos hacer senderismo… es un lugar muy lindo y acogedor.

Recién llegado, ¿cómo ve el Monasterio en cinco años?

Llevo dos meses. Todavía no sé. A mí me gustaría que volviera a ser como antes y esté lleno de gente, que vengan personas de toda La Rioja y de toda España para visitarnos y peregrinar. Hasta para pasar el verano. Me han dicho que antes se veraneaba mucho ahí: familias enteras pasando el verano en el valle y el río. Ojalá sea eso, que aumenten mucho los visitantes y la devoción a la virgen, que encuentren un centro de espiritualidad para confesarse y consultar cualquier cosa espiritual.

¿Qué le pide a la virgen en lo personal?

Para mí, le he pedido que me conserve la vocación. Es una gracia que hay que pedir todos los días. Y también que me ayude a llevar adelante el cargo que me han dado, que no es poca cosa, y soy joven. Le pido que me sepa guiar en esta misión que me han encomendado.

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