Firmas

Nadie vacaciona

Si los plenos del Parlamento han derivado en debates relajados y, por momentos, cariñosos, en el último antes del parón veraniego no iba a ser menos la cosa. Intentó elevar el discurso el ex portavoz de Podemos, Germán Cantabrana, mentando a la mafia calabresa como comparación de lo que hacía el PP con los acusados de la Huelga General del 14 de noviembre (esperan juicio desde hace casi cuatro años), pero no había manera.

No sabía el diputado podemita que la verdadera mafia estaba en un banco fuera del hemiciclo y que no llegaba desde el pico de la bota italiana sino desde el valle de Ocón. Los ex diputados Inmaculada Ortega (PSOE) y Rubén Gil Trincado (PR+), ambos concejales ahora en sus pueblos, aguardaban sentados a que comenzara el debate de una propuesta para llevar una carretera hasta Santa Lucía. Y la consiguieron. A veces basta con irse de un sitio para tener éxito.

Asistían al Pleno como los niños que van por primera vez al circo. «¿Pero qué es esto?», se preguntaba ‘la Ortega’. Y hacía memoria pensando en que para la media de hora de sesión de la legislatura pasada, en la que ellos eran dos de los 33 elegidos, ya habría habido más insultos que en un partido de fútbol. No daban crédito al buen rollo reinante entre diputados y se veían fuera de una política que ha dado un giro de 180 grados. «Mejor así», matizaron antes de marcharse.

Antes de eso, el consejero de Fomento, Carlos Cuevas, último en llegar al Ejecutivo Ceniceros, se ganó el sueldo casi para todo el año. Le tocó bailar con la más fea. Y con el más feo. Y con el más guapo. Con todos, en definitiva, porque todos los temas le afectaban ante la ausencia del consejero de Medio Ambiente, Íñigo Nagore. En el fondo del debate, el río que da nombre a la comunidad y sus recursos hídricos.

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Aclaró Cuevas que cuando decía recursos hídricos se refería al agua y que algo tenía que ver el tema con los nitritos. ″Nitratos″, le corrigió el socialista Jesús María García. Ni tritos, ni tratos. Bueno, lo segundo sí. Y muchos. Cuatro de cinco por unanimidad.

Una vez aclaradas las dudas de la oposición sobre el abastecimiento de agua de Ezcaray para abajo, búsqueda de un ingeniero en la sala cual médico en los aviones incluida (quizás el consejero no se acordaba de que su director general lo es), confirmó el socialista Félix Caperos que entre alcaldes de los pueblos no se pisan la manguera: «¿Qué vamos a hacer? Pues intentar sacar dinero para nuestro pueblo». Y se puso filosófico: «No vale para nada nuestro efímero paso por esta sala si no cambiamos las cosas. Y cambiar las cosas, señores de Ciudadanos, es cambiarles a ellos».

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El diputado naranja David Vallejo deseó un feliz verano a todos, pero diciéndole al Gobierno que después de la época estival «igual vienen curvas» y que por eso debe volver con las pilas cargadas. Contestó Cuevas que sus miembros sí descansan, pero que el Ejecutivo «no vacaciona». Gustó la frase. Y resulta que, de todos los presentes, nadie ni nada va a vacacionar este año según las declaraciones que se sucedían en la puerta. Los periodistas, los que menos.

Natalia Rodríguez insistió con el tema vacacional para transportarnos hasta la playa, aunque la diputada de Podemos le prohibió al Gobierno irse al Caribe porque ya tienen ese ritmo «interiorizado» y sería peor aún. Así que tendrán que optar los chicos de Ceniceros por algo más cercano. Quizás un gulag. Porque para campamento ya está el Parlamento, aunque la tranquilidad puede romperse a la vuelta con el Debate del Estado de la Región (6 de septiembre). Primero del nuevo presidente. Han prometido dar guerra los partidos políticos y sus diputados. El campamento Krusty puede convertirse en un campamento militar.

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