Hubo un tiempo en el que el verano de los logroñeses se dividía entre los que se desplazaban a las piscinas del Ebro y los que lo hacían al entorno de Puente Madre y la Fuente de los Zapateros, en el río Iregua. Aquellos años pasaron hace décadas a la historia y el ceremonial de bajar al Iregua se fue perdiendo.
En 2003, la Corporación Municipal que entonces regía el destino de nuestra ciudad emprendió la labor de la recuperación del entorno del logroñés afluente del Ebro y realizó una encomiable labor regalando a los logroñeses un lugar de esparcimiento a escasos treinta minutos andando del centro de la ciudad.
Pero vándalos con acceso a un bote de spray hay, desgraciadamente, a montones en nuestra sociedad. Son gente que disfruta destrozando el trabajo de los demás, parásitos que no soportan ver una pared blanca, un monumento sin pintadas… y esta fuente no iba a ser menos.
Resulta, de todas formas, cuando menos curioso, que los caños y la bota central que da nombre a la fuente hayan sido recientemente pintados de negro y no precisamente en un acto vandálico, mientras que la pared de ladrillo que la sustenta haya quedado como se ve en la imagen… ¿Restauración por etapas? Veremos a ver…
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