La calle Marqués de Larios en Logroño no es una pista de BTT donde el ciclista riojano Carlos Coloma podría entrenar para los Juegos Olímpicos de Río 2016, pero casi. El lugar donde estuvo la estación provisional de Renfe mientras se construía la actual es un compendio de parches rompetobillos a diferentes niveles que hacen que sea prácticamente imposible que por ahí pase una silla de ruedas o un carrito de bebé. No digamos ya si llueve… «Esto es impensable en una calle que, si bien no es céntrica ni tan conocida como la Laurel, da acceso a uno de los residenciales de Logroño con más glamour», pienso.
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