Deportes

Mezcla de ritmos

Vamos por la vida haciéndonos preguntas que no tienen respuesta. Buscando aquello que sabemos imposible de encontrar. Sigmund Freud teorizaba acerca de que nuestras parejas se parecen a nuestras madres porque relacionamos su rostro con el amor y la supervivencia. La filosofía nos invade en nuestros momentos más íntimos. ¿Cómo se alcanza la felicidad? ¿Qué sentido tiene nuestra existencia? Pero también nos planteamos cuestiones más terrenales aunque estas partan de un anuncio de compresas: ¿a qué huelen las nubes? ¿A qué suena la UD Logroñés?

Decía Sergio Moreno en el primer partido de liga que a «guitarras eléctricas» porque el equipo «se peinaba a lo Jimi Hendrix». Disparó demasiado rápido el compañero. Aunque será por teorías. Aquí cada uno defiende la suya y el recital futbolístico ante el Compostela pudo sonar así. Pero tras una derrota en Ferrol y un nuevo festival de goles en Las Gaunas, podemos afirmar que el ritmo lo marca la rumba catalana. Peret y Las Grecas. Un joven mediapunta leridano pone la música a un equipo que tiene muy claro su estilo desde el inicio de la temporada. Por eso, cada vez que marca (y van cuatro veces en tres partidos), se lleva las manos a las orejas como Riquelme. ¿Lo escuchas? Es la rumba catalana. Es otro gol de Pere Milla.

No puede una plantilla dirigida por un técnico vasco de la vieja escuela sonar a guitarras eléctricas. Tampoco tener un solo estilo. Desde la tierra del txakolí a la del Rioja para hacer mezclas acústicas que maravillen al aficionado. Porque la rumba se mezcla con las gaitas asturianas que suenan en las bandas. Sobre todo por la derecha. Javier Álvarez Pareja. Titi para los amigos. Impulsado por el aire que sale de los tubos de esas invisibles gaitas, el centrocampista gijonés convierte en realidad el himno de su Asturias natal: «Que la ponga en el balcón, que la deje de poner, tengo que subir al árbol y la flor he de coger». Cada centro, medio gol. Cada falta, un gol entero. Porque los balcones en un campo de fútbol son escuadras y corazones del área.

El único problema en el triángulo que forman el País Vasco, Navarra y La Rioja podría encontrarse en el baile. Si nos sacan de la jota, estamos perdidos. Y no hay nadie en la UD Logroñés para arrancarse con los brazos en jarra a cantar. Miguel Martínez de Corta bastante tiene con mantener la portería a cero. No pasarán. Pero los pupilos de Carlos Pouso también saben bailar. Bachata, cumbia… los ritmos latinos mandan. Joel Valencia y Jordan son los que fuerzan al resto a mover las caderas. Las propias y las rivales. No cantan desde Fukuoka como hacía Juan Luis Guerra. Lo hacen desde el Grupo I de Segunda B. Tampoco llevan sombrero como el dominicano sino unas camisetas blanquirrojas que les dan licencia para torturar defensas con quiebros imposibles.

La última víctima de esta mezcla de estilos ha sido el Coruxo. Llegaba como líder a Las Gaunas y al terminar el partido lo era la UD Logroñés. Será solo por unas horas al jugar en sábado, pero al menos la clasificación de los periódicos del domingo quedará para las hemerotecas. Borja García hacía el primer tanto de la tarde asistido por Pere Milla («Hola, he venido para ser tu ídolo») en una jugada ensayada a balón parado. Eso en la primera parte. En la segunda decidió el catalán que había que cerrar el partido por si las moscas. Trallazo desde fuera del área directo a la escuadra y a la memoria del aficionado. Golazo. Otro más de la UD Logroñés. «Si eso lo marca Messi…». Un minuto más tarde, toque sutil tras un pase de Titi. 3-0. Y se acabó. El resto, para los analistas más experimentados.

A día de hoy sólo se puede sacar una conclusión. En Las Gaunas ya no se tocan las palmas más que para aplaudir. El flamenco se fue a Cartagena. La nueva música también gusta. Incluso más.

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