Araceli no ha sido la primera. Y la mujer no está nerviosa, pero tampoco tranquila. A sus más de setenta años aguanta bajo el sol intenso de mediodía para cumplir con la tradición, con la del Voto a San Bernabé. Araceli lo lleva haciendo toda la vida. Es su plan cada 12 de junio. El 11 se le queda corto. Y acude puntual a la calle Portales para esperar a que se reparta la degustación de toro guisado. «Cada año, todos los años, desde hace mucho años». Bien de años, queda claro, son los que lleva Araceli esperando que se acabe de hacer el guiso para comer el toro guisado con verduras que cierra los votos que los logroñeses deben cumplir año tras año tras la gesta histórica ante los franceses allá por el siglo XVI.

Cerquita de Araceli anda Matías. Son su gorrita. Lleva varias bolsas de plástico verde guardadas en una bolsa de tela que le ha puesto su mujer. Lo suyo es un ‘take away’ de manual. Es el repatidor familiar. «Seis raciones, que meto en las fiambreras. Y luego las comemos la familia en casa». Así lo marca la tradición, la familiar, por tanto la suya, como la de buen ciudadano logroñés. «Que además es que está rico», reconoce Matías, al que no le van a pillar con eso de comprar un jarrito a un euro: «Para qué los quiero, si luego solo cogen polvo».

Almu acaba de terminar la PAU. Y tenía ganas de relajarse, de no andar con la cabeza muy ocupada tras tanto examen. Aunque ahora le queda conocer las notas. Mientras llegan, espera paciente en la fila. No es la primera vez, pero sí la que va a recordar cuando vaya cumpliendo años. «Me traían de pequeña, pero no me acuerdo». Ésta no la va a olvidar, y eso que le ha tocado ya en Portales, en la zona a la sombra, y la temperatura en relación al sol baja de forma sensible. «Yo quiero el jarrito, para guardarlo junto al del pez que cogí ayer». Irá para la colección.

Logroño ha cerrado con regusto a guiso de toro con verduras esta nueva edición de San Bernabé. Ni es nuevo ni ha llegado con novedad. Es lo que tiene que ser. Otro acto central de estas fiestas históricas en las que hay que cumplir, año tras año, con una serie de Votos en honor a San Bernabé. Las promesas, y más si son ancestrales, hay que cumplirlas no vaya a ser que la fuerte de ser riojanos cambie y regresen los franceses franceseando. Suficientes disgustos da la vida.

«Espero que al cocinero no se le haya ido la mano con la sal, que le he visto muy feliz apañando el guisote». José tiene análisis la semana que viene. Y parece que ahora va a ser problemas del guiso, y no de los excesos de días previos. «Es fiesta, hay que abusar un poco». Eso es, José, a ver si te asiste el santo durante la extracción de sangre. Pero eso será otra película.

Este viernes tocaba darle al unte. Y hay verdaderos profesionales del asunto. Esos que se traen hasta una botella de casa para echar el vino que se reparte con la degustación. Tampoco es cuestión de que la carne pase así sin más, algo la tendrá que empujar, capaz de sentar mal. Dan también agua por si hubiera alguien raro. La Federación de Peñas se encarga de que los logroñeses cumplan con este último Voto. Esta vez el guiso ha corrido a cuenta de la Peña La Rondalosa y la de Logroño.

Mil raciones en total. Dos ollas a todo lo que dan. Un guisote que se aviva con fuego de leña, lo que eleva el sabor a un espacio muy diferente. Y la cola llegaba a las 13:00 horas hasta más abajo de Marqués de Vallejo con Portales. «Van un poco retrasados este año», le decía uno a otro, que iban sin prisa pero con hambre. A veces el toro viene más duro y cuesta un poco más. Pero para eso de las 13:30 horas, el primero de la fila ha sonreído para sí mismo, ha sacado sus dos tupers, se los han llenado con cuatro raciones y se ha ido tan feliz para casa para dar buena cuenta del Voto y de paso comer tan ricamente por obra y gracias de San Bernabé y los peñistas de la ciudad.


