La UD Logroñés regresará la próxima temporada a Primera Federación con un escenario competitivo muy diferente al que dejó atrás hace tres años. El ascenso conseguido en Matapiñonera devolverá al conjunto blanquirrojo a una categoría que, desde su descenso, ha incorporado una de las novedades más llamativas del fútbol español: el Football Video Support (FVS), una herramienta tecnológica que muchos ya conocen como el VAR barato.
Cuando la UD Logroñés perdió la categoría en la primavera de 2023, la Primera Federación todavía no contaba con este sistema. Desde entonces, la competición ha dado un paso adelante en materia arbitral y se ha convertido en la primera categoría del fútbol español que utiliza una versión simplificada del videoarbitraje tradicional.
La diferencia fundamental respecto al VAR de Primera y Segunda División es económica y operativa. No existe una sala específica con árbitros supervisando permanentemente el encuentro. Tampoco hay una comunicación constante entre un colegiado de vídeo y el árbitro principal. En el FVS son los propios entrenadores quienes tienen la iniciativa.
Cada equipo dispone de dos solicitudes de revisión durante el partido. Cuando consideran que se ha producido un error claro en una acción concreta, pueden entregar una tarjeta al cuarto árbitro para reclamar que la jugada sea revisada. A continuación, el árbitro principal se dirige a una pantalla situada junto al terreno de juego y analiza las imágenes antes de tomar una decisión definitiva.
Las acciones susceptibles de revisión son limitadas. El sistema permite revisar goles, posibles penaltis, tarjetas rojas directas y errores de identidad cuando un árbitro sanciona a un jugador equivocado. No pueden revisarse las tarjetas amarillas ni las expulsiones por doble amonestación, aunque en la práctica algunas acciones han terminado siendo analizadas cuando la petición se ha realizado por una posible roja directa.

EFE/Enric Fontcuberta
El funcionamiento también incorpora un matiz importante. Si el entrenador solicita una revisión y la decisión arbitral cambia tras analizar las imágenes, no pierde una de sus oportunidades. Solo se consume una solicitud cuando la reclamación no prospera. En consecuencia, los equipos suelen conservar opciones de revisión durante buena parte de los encuentros.
Y ahí aparece uno de los efectos más visibles del sistema. En numerosos partidos de Primera Federación se han convertido en habituales los tiempos añadidos superiores a los diez minutos. Cuando el marcador es ajustado y todavía quedan revisiones disponibles, los banquillos aprovechan cualquier acción mínimamente discutible para solicitar la intervención del FVS. Las pausas acumuladas han transformado el tramo final de muchos encuentros.
La herramienta nació impulsada por la FIFA como una alternativa para competiciones que no pueden asumir el elevado coste económico del VAR tradicional. Su objetivo era democratizar el acceso a las revisiones de vídeo sin necesidad de desplegar toda la infraestructura tecnológica que requieren las grandes ligas profesionales.
En Primera Federación, la experiencia ha sido recibida con opiniones diversas. Los defensores del sistema consideran que ha permitido corregir errores evidentes que antes resultaban irreversibles y ha aumentado la sensación de justicia competitiva. Los críticos, por el contrario, señalan que genera interrupciones frecuentes, ralentiza el juego y traslada parte de la presión arbitral a los banquillos.
El FVS ya forma parte del paisaje habitual de la categoría. Y la UD Logroñés tendrá que adaptarse rápidamente a esta nueva realidad, que no ha podido practicar durante sus temporadas en Segunda Federación. Unai Mendia y su cuerpo técnico dispondrán de una herramienta que no existía en la anterior etapa blanquirroja en Primera Federación, mientras que jugadores y aficionados deberán acostumbrarse a ver al árbitro acercarse a una pantalla para revisar una acción decisiva.


