Las viñas de Rioja van a por su cosecha número 101 bajo el amparo de la Denominación de Origen y desde aquel 1925 ha habido campañas para todos los gustos y todas las calificaciones, aunque solo dieciséis añadas han logrado colgarse la medalla de ‘Excelente’ otorgada por el Consejo Regulador: las de 1934, 1948, 1952, 1955, 1958, 1964, 1982, 1994, 1995, 2001, 2004, 2005, 2010, 2011, 2019 y la recién calificada 2025.
Una de las voces más autorizadas del sector del vino en Rioja es la de Manuel Ruiz Hernández, quien acumula décadas de investigaciones y aprendizajes a pie de viña y desde los laboratorios de la Estación Enológica de Haro. A sus 91 años recalca que «el paso del tiempo ha demostrado que estas calificaciones de ‘Excelente’ que ha emitido en todos estos años el Consejo Regulador han sido de lo más acertadas».
El enólogo y profesor rememora con nitidez aquella vendimia de 1964 que dejó «una cosecha excepcional en calidad y en cantidad, aunque pese a ser la mejor cosecha del siglo XX, la abundante producción hizo que se pagara la uva muy mal».
Ruiz estudió a fondo aquella campaña desde la viña: «Aquel año de tanto calor vi hasta mildiu en las viñas de Haro, pero la propia climatología lo frenó porque no llovió mientras continuaba el calor. La uva que se vendimió fue muy buena, pero ese calor también trajo muchos problemas en la vinificación porque no había suficiente materia nitrogenada en la uva para fermentar. En los tintos no hubo dificultades porque fermentan con el hollejo, pero en los blancos y rosados fue otra historia. Recuerdo que nos llamaban con muchas consultas de la zona de Navarra y también de Cordovín porque los claretes les salían dulces, así que les costó más tiempo acabar la fermentación. Eso sí, cuando logramos que los blancos y rosados fermentaran fueron muy buenos también. En resumen, la de 1964 fue una cosecha excelente por el clima, pero también tuvo inconvenientes por el clima».

Manuel Ruiz Hernández. | Foto: Leire Díez.
La de 2005 también viene a su memoria cuando toca hablar de las singularidades de las añadas con el marchamo de ‘Excelente’. «Para mí, esta ha sido la mejor cosecha del siglo XXI pero nuevamente el clima volvió a sorprender. Apenas unos días antes de empezar a vendimia en la zona de Haro cayeron unos 80 litros en cosa de una hora. Nunca se había conocido tanta lluvia y estábamos asustados, pero pese a todo quedó una cosecha excelente porque la uva ya venía muy bien constituida y con buen estado sanitario para resistir. De hecho, aquella humedad ayudó a que madurase mejor, lavara los pesticidas y luego fuera mejor la fermentación».
También desde Haro, Isaac Muga se suma a este repaso de esas añadas históricas que tan buen sabor de boca dejaron en su día y que, en muchos casos, siguen haciéndolo. Aún así, es de la opinión de que «para calificar una añada como ‘Excelente’ esta ha de ser común en todas las zonas de la denominación y eso, en una región con climas, valles y suelos tan diferentes, a veces no responde a la realidad porque hay muchas cosechas que para mí en Rioja Oriental pueden ser magníficas y a medida que se avanza el tiempo cambia y llega octubre y se fastidia la vendimia en Rioja Alta y Rioja Alavesa, o al revés. Somos una denominación tan compleja que conseguir la excelencia en todo su territorio es complicado».
Partiendo de ese análisis inicial, se adentra en esas añadas más antiguas de las que tienen registros. Cabe apuntar que Bodegas Muga comenzó a envejecer vinos en la añada de 1968, así que su director técnico se remonta a la de 1982, «una cosecha increíble» y de las más completas en Rioja: «Aunque la del 81 se llevó gran parte de la fama porque fue muy buena, la del 82 fue mucho más equilibrada. Tuvimos un invierno muy frío que permitió una magnífica parada vegetativa y una primavera con una brotación muy homogénea. A esto se sumó un verano cálido pero sin extremos, lo que favoreció que la maduración fuera pasito a pasito». Por si fuera poco, el astro en septiembre estuvo de su parte: «Fue muy seco y eso marca la diferencia entre una gran cosecha y una mala. en Rioja la clave es este mes, porque te puede arreglar una mala cosecha o estropear una buena». El resultado: vinos «muy equilibrados, taninos muy maduros y muy buena acidez natural» que dejan una gran capacidad de guarda. «Hoy pruebas vinos del 82 y sorprende lo vivos que están».

Isaac Muga, en las instalaciones de la bodega jarrera. | Foto: Leire Díez
Si tiene que elegir entre la añada de 1994 y la de 1995, lo tiene claro: «Me va a matar todo el mundo, pero me quedo con la del 95. En 1994 había una necesidad psicológica de tener una gran cosecha tras dos años regulares y creo que se llevó más fama de la que realmente merecía. Salieron vinos muy potentes y concentrados por el año tan seco que fue (hubo hasta mermas de producción por deshidratación), pero si pruebas los del 95 ves que son mucho más equilibrados y elegantes gracias a que no hizo tanto calor y llovió en primavera, vinos que están envejeciendo mejor, a mi parecer, mientras que los del 94 llegan más cansados por esa falta de frescura y acidez. Algo similar a lo que ocurrió años después, con las añadas de 2004 y 2005, aunque en este caso creo que la de 2004 puede envejecer mejor, pero todavía hoy le falta afinar en botella para lograr esas elegancia».
La de 2001 fue para Muga «la cosecha en la que los enólogos no teníamos que hacer nada». «Fue una cosa de locos, algo tremendo, la uva entró perfecta y dejó vinazos, a los hechos me remito». Una campaña que compara con la de 2010, que trajo un «cosechón y, además, de calidad, con vinos que han resultado elegantísimos y una vejez tremenda». Algo que, opina, no comparte su cosecha posterior. «La de 2011 fue muy buena, pero no creo que excelente. Aquí pudo más la presión mediática que la realidad de los vinos, porque son unos muy maduros, con mucho volumen y poco potencial de envejecimiento».
De igual forma, el director técnico discrepa con la calificación de ‘Excelente’ de la de 2025. «Para ser una cosecha excelente hace falta que todo vaya sobre ruedas, en toda la denominación, y para mí no fue así. Todas las bodegas tuvimos que actuar mucho y hacer mucha selección porque fue cosecha muy complicada sobre todo por el mildiu. Es cierto que hubo poca cosecha y eso benefició la calidad, pero yo he probado vinos a granel y para mí no es una cosecha excelente. Sí que podría aceptar que fuera una muy buena porque va a haber vinos de gran calidad, pero está lejos de la excelencia».

María Larrea, directora técnica de CVNE.
La directora técnica de CVNE, María Larrea, valora esta última añada de 2025 como una especialmente compleja por los ataques de mildiu: «Parece que no podía haber más accidentes meteorológicos, pero finalmente el tiempo acompañó mucho en vendimias y eso hizo que tanto productores como los equipos de bodega se relajasen y se vendimiara sin prisas, de manera selectiva». La meteorología también sorprendió en plena vendimia de 2019 en zonas de Rioja Alta y Rioja Alavesa. «Cayeron unos 60 litros y eso ralentizó la maduración, llegando a haber pasificación. Aquel año sí que tuvo que hacerse una cosecha más acelerada y, aunque resultó ser una añada bastante buena viendo la evolución de los vinos, sí que se puede ver que son unos más maduros».
Para esas parejas de añadas ‘Excelentes’, Larrea señala diferencias claras, por ejemplo, entre la de 2010 y la 2011: la primera, marcada por lluvias y una vendimia más tardía que dio lugar a vinos finos, estructurados y de fruta roja, mientras que en 2011 hubo menos lluvias y un excelente estado sanitario, dejando vinos más concentrados y de fruta negra. También compara las de 1994 y 1995, la primera más seca y adelantada por factores climáticos, frente a la de 1995, más tardía y con mayor producción. De las añadas anteriores, como aquella del 64, Larrea se remite a lo que ha catado ‘a posterior’ y recalca esa «bien merecida» calificación de ‘Excelente’.


