Agricultura

El avellano se abre hueco desde los campos de Foncea

Jorge Montejo gestiona en Foncea cuatro hectáreas en intensivo a la espera de que entren en producción

Nueva plantación de avellanos en Foncea.

Jorge Montejo es uno de los pocos agricultores en La Rioja que ha visto en el avellano un cultivo atractivo y todo gracias a que en los montes de Foncea, su pueblo natal, ha conocido de siempre estos frutales silvestres muy bien avenidos en ese ecosistema. En 2022 comenzó con su primera finca y ya tiene cuatro hectáreas repartidas en tres parcelas (en La Rioja rozan la decena de hectáreas en total). La última, plantada en 2024, correspondiente a un campo demostrativo para estudiar la viabilidad de estos árboles. Unas plantaciones en intensivo, la mayoría con la variedad yamhill, a una altitud de entre 650 y 680 metros que compagina con las 30 hectáreas de cereal y una de viña. Aunque donde ocupa su mayor tiempo es con la empresa de máquinas recolectoras que gestiona para realizar servicios agrícolas.

«La apuesta por el avellano no fue casual. Al final con esa superficie de campo que tenía no era suficiente para vivir, pero siempre me ha gustado el campo y quería apostar por algo que pudiera compaginar con las máquinas y que a su vez tuviera un valor añadido para poder vivir de ello aunque fuera teniendo poca superficie. Además, creo que el fruto seco es un mercado que está al alza», apunta.

Una oportunidad que no vio ni con el almendro ni con el pistacho. «En cuanto al pistacho, el problema que vi no es tanto en la producción si no a la hora de procesarlos porque necesitas una zona a donde llevarlo y que esté relativamente cerca porque si no se oxida. Y aquí no hay ningún sitio cerca. Y en el caso del almendro me daba miedo ponerlo en esta zona por el tema de las heladas. Al final son árboles más sensibles a los cambios de temperatura y ahora suelen florecen antes, pero si luego viene otra vez el frío eso puede bajar mucho los rendimientos por hectárea. Sin embargo el avellano es más fuerte y puede aguantar en torno a cinco o seis grados bajo cero. Además, la floración se produce a finales de diciembre o principios de enero, cuando hay temperaturas muy frías, y no sufren daños pese a estar en zonas sombrías en las que apenas da el sol».

Jorge todavía no ha llegado a la parte clave del proceso: la recolección. Calcula que de la primera finca, que ya tiene tres años, se podrá recoger algo el año que viene, aunque habrá que esperar un par de campañas más para que esté en plena producción. Eso sí, tienes buenas perspectivas de cara a la comercialización de este fruto: «Creo que es un producto que permite varias opciones de venta, bien sea a granel a almacenistas o bien procesando la avellana a través de un secadero, envasándola y vendiéndola tú mismo. Luego ya si te quieres enredar más está el tema de la producción de pasta de avellana que se utiliza mucho para repostería y demás. Pero creo que si te pones en manos de de las grandes superficies estás perdido porque tienes que ir a unas producciones muy grandes. Por eso opino que en el fruto seco te puedes diferenciar más, lo cual también aporta el valor añadido que ahora mismo la agricultura necesita y que recae precisamente en eso, en vender tú tu propio producto».

Por el momento, sigue aprendiendo, porque nada tiene que ver el manejo de la primera plantación respecto a la última. «Para empezar, el tipo de poda. Ese fue el primer fallo que cometimos en la primera finca. Dejamos un árbol que se podó relativamente bajo porque nos aconsejaron que lo hiciéramos así y nada, eso es un equivoco. Hay que formar el árbol ya más elevado para poder recolectarlo con máquina como es nuestra idea. Queremos usar las máquinas con las que se recogen los olivos en superintensivo, que son algo más grandes que una vendimiadora. Cabalgantes las llaman. Hasta ahora el avellano se está recolectando con barredoras, es decir, que dejan que se caiga el fruto al suelo y luego pasan la máquina, pero nosotros queremos hacerlo de diferente forma», explica.

Otro de los errores fue el tipo de plantación, ya que colocaron una malla sobre el suelo para evitar que la hierba saldría. «La fecha de plantación, que fue algo más tardía, también influyó. Y en cuanto al tema del riego nos dijeron que al ser una zona fresca no era necesaria mucha cantidad de agua y no resultó ser así porque el avellano lo que quiere es bastante humedad. Es más, si te fijas es un árbol que siempre está en zonas muy sombrías y húmedas. Creo que las últimas plantaciones entrarán antes en producción incluso porque hemos hecho mejor las cosas», reconoce.

Y sin salirse de la senda del aprendizaje, Jorge incide en que la polinización es uno de los factores clave en el desarrollo de estos árboles. «Con las variedades que trabajamos el avellano tiene una flor hembra y una flor macho y el árbol no se autopoliniza, sino que tienen que ser otras variedades las que polinicen ese avellano, así que tiene que coincidir la apertura de la flor macho con la apertura de flor hembra para que todo funcione. Y no es tan sencillo, ya veremos si realmente estas variedades funcionan o no».

Con cautela, pero con ilusión. Así avanza Jorge en esta aventura del avellano con la que espera seguir creciendo en superficie. «Ahora mismo no sé si he acertado o me he equivocado, por lo que tampoco puedo animar a nadie a que apueste por este fruto seco. Y aunque no tenga unos datos reales en cuanto a producción y rentabilidad, sí creo que es una opción viable en el campo», reconoce.

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