La Rioja

«A los quioscos nos están abandonando, hasta que desaparezcamos todos»

El ocaso de los quioscos: «Nos están abandonando, hasta que desaparezcamos todos»

Los quioscos de prensa han sido testigos de los grandes acontecimientos de la historia de nuestro país y también de nuestra comunidad. Han acompañado a varias generaciones y las han mantenido informadas a diario gracias a quienes están detrás del mostrador desde primera hora de la mañana. Sin embargo, con el paso del tiempo y la llegada de las nuevas generaciones -menos asiduas a la lectura de prensa escrita-, cada vez son menos los quioscos que vemos abiertos en la capital riojana.

En apenas dos décadas hemos pasado de tener veinticinco quioscos a siete, y quienes aún siguen al pie del cañón son aquellos que están en el centro de la ciudad. «Desafortunadamente, quienes se iban jubilando no encontraron relevo y también están quienes dejaron este oficio por otro», se lamenta José Pujades, presidente de la Asociación Profesional de Vendedores de Prensa de La Rioja y gerente del quiosco ubicado en la esquina de la avenida Portugal con la calle María Zambrano.

Uno de los grandes problemas a los que se enfrentan desde hace varios años es la amplificación de los puntos de venta de prensa: «No sé quien permitió que se pudiera vender prensa en panaderías, supermercados, gasolineras o estancos. Esos negocios ya se dedican a una cosa, no entiendo por qué también tienen que dedicarse a lo nuestro». En ese sentido, se lamenta de que haya negocios que no tengan ninguna limitación a la hora de vender prensa mientras que a los quiosqueros les ponen todo tipo de trabas para vender otros productos más allá de periódicos y revistas: «Hemos denunciado esta situación en varias ocasiones, ya que se trata de una competencia desleal, pero no cambia nada».

Y es que en la diversificación está la salvación. Permitir a los quioscos poder vender otro tipo de bienes es una gran ayuda para que puedan seguir abiertos a pesar de las dificultades que están pasando. Ante iniciativas como la de ‘News & Coffee’, que juntan, como su nombre indica, prensa y café en un mismo espacio, Pujades confiesa que es una posibilidad que han planteado alguna vez, pero que no quiere ser hipócrita porque eso «supondría hacerle la competencia a los bares» que tiene a su alrededor.

Es por eso por lo que se queja de que, hace ya varios años, el Ayuntamiento se abrió ante la posibilidad de permitir a los quiosqueros diversificar su negocio, «pero nos ponían mil pegas; actualmente, ni siquiera tengo activados los mupis (mobiliario urbano como punto de información) de los costados del quiosco, que generaban unos mil euros al año», a la espera de que el Consistorio decida lo que hacer con ellos.

«Hace no mucho vino la persona encargada de ese tema a preguntar cuáles eran las condiciones que teníamos con el anterior equipo de gobierno y nos prometió que lo sacaría en el siguiente pleno. Han pasado tres semanas y no se ha planteado en ningún pleno. Desanima mucho ver cómo a los responsables se les llena la boca con promesas pero que las cosas siguen igual», se lamenta José, mientras acerca un periódico a un cliente.

El presidente de la Asociación asegura que «si fueran más permisivos y pusieran más facilidades se podría sacar mucho más partido a los quioscos, incluso abrir aquellos que llevan años cerrados. Porque, aunque no te dicen que no, ponen unas condiciones que no puedes aceptar; es como si te digo vístete, pero no te doy ropa».

Luis Ángel González, gerente del quiosco Luis Honty, ubicado al final de la Gran Vía entre Gonzalo de Berceo y Marqués de Murrieta, coincide con Pujades: «El Ayuntamiento debería impulsar medidas que nos den la opción de vender muchas más cosas que, ahora mismo, o no podemos vender o cuesta mucho que podamos hacerlo. Nos están dejando abandonados, hasta que desaparezcamos todos».

González asegura que trata de disponer de otro tipo de artículos porque «no piden de comer, pero si se venden, eso que me llevo». En su quiosco se pueden comprar, además de prensa y revistas, imanes, postales, juegos de cartas, cromos e incluso turrones: «Por estas fechas, entre noviembre y diciembre, siempre los pongo, porque alguno vendo».

Sin embargo, reconoce que le cuesta encontrar aquellos productos que «se vendan bien y tengan salida», pero que a la vez tenga permiso o recursos suficientes para venderlos: «Si yo quisiera vender tabaco, podría hacerlo, pero te obligan a tener una máquina para ello, con todo lo que eso conlleva. Para productos de alimentación, como sándwiches por ejemplo, también tendría que contar con el visto bueno de Sanidad».

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