Identidad rural, enogastronomía kilómetro cero y turismo sostenible. Esa es la filosofía con la que trabaja la Asociación para el Desarrollo Turístico y Económico del Valle de Ocón, Adeturocón, en una zona variada tanto en paisajes como en proyectos desde los seis municipios que la conforman, con Ocón (Aldealobos, Los Molinos, Pipaona, Las Ruedas, La Villa y Santa Lucía), El Redal, Corera, Galilea, Ausejo y Alcanadre, y con los quince socios que ponen el foco empresarial en el territorio: La Alameda Restaurante (Pipaona), Las Brasas de Baco (Alcanadre), Cersabor (Aldealobos), Embutidos Luis Gil (Las Ruedas), Apícola Tío Perico (Galilea), Trujal de Galilea, Huevocón (Los Molinos), Bodegas Aradón (Alcanadre), Bodega Cooperativa San Cosme y San Damián (El Redal y Corera), Bodega Casa La Rad (Ausejo), Casa Rural de La Condesa (El Redal), Casa de la Abuela Bego (Aldealobos), La Casona de Aldealobos y Casa Rural Los Nogales (El Redal).

Precisamente en este municipio, El Redal, que ejerce como una de las puertas al Valle de Ocón, se encuentran María Solano y Fernando Trueba al frente del alojamiento La Condesa, una construcción que lleva en pie incluso más tiempo que la iglesia del municipio, contigua a ella y levantada a finales del siglo XVI. Aunque con el paso de los años, esta casona ubicada en un cruce de caminos ha sufrido varias ampliaciones hasta dar con la casa que es a día de hoy y siendo, por tanto, la casa rural más antigua de esta Asociación.
Al atravesar el arco de la puerta de entrada, el visitante parece viajar en el tiempo a una vivienda que aúna lo clásico con lo literario y lo artístico. Un espacio que invita a contemplar con calma y curiosidad, desde el jardín con barbacoa y a la sombra de cuatro tilos hasta el salón comedor con techos altos de vigas de madera.

Molino de viento de Ocón.
A su oferta de 16 plazas (más once supletorias), se suma también la oferta del resto de casas rurales: Los Nogales, con 16 plazas, cuenta también con piscina y un merendero de invierno y verano para asar a la brasa; La Abuela Bego también tiene capacidad de ocho a diez plazas, mientras que la Casona ofrece de 10 a 12 plazas. Ambas, casas de piedra con asadores de leña donde disfrutar del entorno rural de una forma cómoda. Aunque para degustar la gastronomía de la zona, y también a la brasa, está el restaurante Las Brasas de Baco. Otra de las ofertas para compartir con cuchillo y tenedor la presenta La Alameda de Pipaona con sus Jornadas de la Cuchara en febrero y las Jornadas del Cochinillo en el mes de marzo, más allá de abrir las puertas el resto del año para ofrecer la gastronomía de la zona.
Toda una amplia oferta para el publicado que visita este valle, llegado de Cataluña, Madrid, Aragón o País Vasco, aunque también de rincones riojanos. «La cercanía a Logroño y a otras capitales de comunidades limítrofes es un punto a favor para atraer a grupos, familias y parejas que buscan desconectar sin renunciar al disfrute, a comer rico y al descanso».
Y aquí, siendo esta la tierra con nombre de vino, también entra en juego el enoturismo. A las visitas que ofrece Aradón se suman también las de Casa La Rad y su finca de unas 600 hectáreas donde no solo el viñedo está presente. Aunque las actividades se extienden a la explotación apícola de Tío Perico y a las instalaciones de Embutidos Luis Gil.

El Valle de Ocón se presenta así como un escaparate al producto riojano desde un enclave sin masificaciones y donde un turismo sostenible es posible. «Y no solo eso, sino que es necesario para mantener vivo el territorio. El objetivo es desestacionalizar las visitas y demostrar que el valle no existe únicamente durante los fines de semana o en determinadas épocas del año. Estamos aquí todo el año trabajando», reivindica el presidente de Adeturocón, Blas Sos, haciendo hincapié en la oferta continuada ligada a la gastronomía, la naturaleza, la cultura y las tradiciones locales.
Por si fuera poco, el valle forma parte de la Reserva de la Biosfera y reúne espacios tan distintos como robledales, hayedos y amplias zonas de monte que conforman un paisaje extenso y diverso. Un entorno que resulta especialmente atractivo para los amantes del senderismo, la micología y las actividades al aire libre, al tiempo que permite generar riqueza y apoyar a las economías locales.
Además, llegado el verano, el cielo se convierte también en otro de los recursos turísticos del territorio. Su condición de Zona Starlight hace del Valle de Ocón un lugar idóneo para la observación del eclipse del próximo 12 de agosto, lejos de la contaminación lumínica y en contacto directo con la naturaleza. Esta propuesta amplía las posibilidades de visita y permite disfrutar del valle también cuando cae la noche.

Estampa de Pipaona de Ocón.
Pero más allá de abrir las puertas a este turismo sostenible, el Valle de Ocón también hace un llamamiento al emprendimiento en el medio rural. «Queremos empresas y proyectos de vida que sigan construyendo el valle, como es la granja de huevos camperos Huevocón que actualmente está en venta y que puede ser una buena oportunidad para quien apueste por un cambio y un nuevo estilo de vida que afiance esos productos de kilómetro cero de los que nos nutrimos y enriquecen el entorno», apunta Blas.
Y es que la actividad turística debe servir, además, para conservar los servicios y mantener la esencia de sus pueblos. «En los pequeños municipios, la continuidad de una tienda, un bar o cualquier otro negocio resulta fundamental para la vida cotidiana y, en muchos casos, es «toda una heroicidad», pero su existencia permite fijar población y atender tanto a los vecinos como a quienes visitan la zona. Un valle de oportunidades, porque un territorio lo hacen las gentes que lo habitan.


