La Rioja

Las (malas) consecuencias del acceso temprano al móvil en La Rioja

El primer móvil llega pronto. Demasiado pronto, quizá, si se mira con los ojos de un adulto que recuerda una infancia sin notificaciones, pero con absoluta normalidad si se observa desde el pupitre de un adolescente riojano. En La Rioja, los menores reciben su primer teléfono a los 11 años de media y, apenas un año después, a los 12, el 87,4 por ciento ya tiene su propio dispositivo. A partir de ahí, la vida social, el ocio, las conversaciones, los vídeos, los juegos, los deberes y hasta parte del descanso empiezan a pasar por una pantalla que acompaña a los jóvenes casi como una extensión del bolsillo.

El informe ‘Infancia, adolescencia y bienestar digital en La Rioja’, presentado este martes en Logroño, pone cifras a una realidad que muchas familias y centros educativos ya intuían desde hace tiempo. El estudio, elaborado a partir de las respuestas de 2.633 escolares de entre 10 y 20 años de 13 centros riojanos, es fruto de la colaboración entre Red.es, UNICEF España, la Universidad de Santiago de Compostela y el Consejo General de Colegios de Ingeniería Informática. Y el retrato que dibuja no es el de una generación aislada, sino el de unos jóvenes hiperconectados, con enormes oportunidades al alcance de un clic, pero también con riesgos que se cuelan en la habitación, en el recreo y en la madrugada.

El 79,3%, en más de tres redes sociales

Las redes sociales son, claramente, el gran territorio juvenil. El 94,7 por ciento de los encuestados asegura participar al menos en una red social y el 79,3 por ciento está en tres o más. WhatsApp, YouTube, TikTok e Instagram forman parte del paisaje cotidiano: sirven para hablar, entretenerse, mirar qué hacen los demás, compartir vídeos, seguir tendencias o simplemente matar el rato. Pero esa presencia empieza muy pronto. En los últimos cursos de Primaria, el 77,7 por ciento ya tiene actividad en alguna red social. Además, uno de cada dos adolescentes cuenta con más de un perfil en una misma plataforma y uno de cada diez participa en retos virales, esa especie de escaparate permanente donde lo divertido, lo absurdo y lo peligroso a veces se mezclan demasiado.

El 40,3% duerme con el móvil

El problema no es solo estar, sino cuánto y cómo se está. Según el informe, un 4,6 por ciento de los adolescentes riojanos podría haber desarrollado un uso problemático de las redes sociales. Además, el 8,5 por ciento dedica más de cinco horas diarias a estas plataformas durante los días lectivos y el porcentaje sube al 16,9 por ciento durante el fin de semana. La pantalla también entra de lleno en el descanso: el 40,3 por ciento duerme todos o casi todos los días con el móvil en su habitación y, de ellos, el 44,4 por ciento lo usa de madrugada. Es decir, para muchos jóvenes, el día no termina cuando se apaga la luz, sino cuando la batería, el cansancio o el último mensaje lo permiten.

A los 12 años, acceso al porno

El informe también mira hacia otros espacios digitales menos visibles, pero igual de delicados. Cerca del 2 por ciento del alumnado presenta un posible trastorno por el uso de videojuegos y el 2,5 por ciento se clasifica como jugador con problemas en apuestas y juego online. Además, el acceso a la pornografía se produce, de media, antes de los 12 años, con un consumo habitual del 11,5 por ciento y un 7,3 por ciento de adolescentes con signos de consumo problemático. A ello se suma la violencia digital: casi uno de cada diez menores riojanos afirma haber sufrido ciberacoso y uno de cada cuatro jóvenes que tiene o ha tenido pareja reconoce haber padecido violencia digital frecuente por parte de ella. La pantalla, en esos casos, deja de ser refugio o entretenimiento y se convierte en un espacio de presión, control o daño.

El 6,4 con riesgo suicida elevado

La parte más dura del estudio aparece al conectar todo esto con el bienestar emocional. El 11,4 por ciento del alumnado riojano presenta síntomas claros de malestar, como ansiedad, depresión o somatización, y un 6,4 por ciento muestra riesgo suicida elevado, una cifra que se duplica entre las chicas. Ante este escenario, los responsables del informe piden equiparar la violencia digital a la física en los protocolos de protección, abordar el malestar emocional y el uso problemático de la tecnología como una prioridad de salud comunitaria, reforzar la higiene digital en las familias y regular el uso de dispositivos en los centros educativos. La presidenta de UNICEF Comité La Rioja, María Luisa Poch, lo resumió desde el acompañamiento: no se puede aislar a los niños del mundo digital en el que viven, pero sí garantizar su bienestar. En la misma línea, el director general de Gestión Educativa, Luis Manuel Herce, defendió educar antes que prohibir. Y es que la cuestión ya no es si los jóvenes riojanos viven conectados. La cuestión, más bien, es cómo lograr que esa conexión no les desconecte de sí mismos.

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