Hay cosas que se repiten cada dos años, y una de ellas es la llamada de NueveCuatroUno a David Pinillos (Pini). Eurocopa, Mundial, Eurocopa, Mundial. Cambian las sedes, cambian los rivales, cambian los seleccionadores y hasta cambian las generaciones de futbolistas, pero lo que no cambia es la presencia de Pini. Desde 2012, este logroñés ha convertido el calendario de la selección en su propio mapa de vacaciones, de ahorros y de aventuras.

Su bautismo llegó en la Eurocopa de Polonia y Ucrania, aquella de 2012 que terminó con España levantando el título y cerrando una de las etapas más brillantes de su historia. Empezar así termina enganchando. Desde entonces, Pini no ha fallado. Estuvo en las Eurocopas posteriores y también dio el salto a los Mundiales. Su primera Copa del Mundo fue la de Rusia, en 2018. Después llegó Qatar. Y ahora, Estados Unidos.

Llegó hace unos días a Nueva York junto a un amigo. Allí han estado alojados en casa de un familiar, aprovechando para hacer turismo, callejear y, como dice él con una sonrisa que casi se escucha al otro lado del teléfono, «españolear un poco». Porque estos viajes no son solo fútbol.

Eso sí, los viajes no siempre son tranquilos. Esta vez una tormenta les ha podido complicar la asistencia al partido. Todo parecía ir sobre ruedas hasta que el viaje se torció a pocas horas del estreno de España. Pini y su acompañante tenían reservado un vuelo de Nueva York a Atlanta para el domingo, pero las tormentas en la zona les cambiaron el guion de golpe. «Nos tuvieron dos horas esperando dentro del avión y al final nos cancelaron el vuelo», cuenta. En ese momento empezó otra clase de partido, uno contra el reloj, los mostradores, las conexiones imposibles y los nervios de quien sabe que ha cruzado medio mundo para no quedarse fuera por una tormenta.
La solución fue tan improvisada como cara: pagar un taxi hasta Baltimore y desde allí coger otro vuelo que les ha permitido llegar a Atlanta a tiempo para el encuentro. «Acabamos de llegar», dice Pini apenas dos horas antes del pitido inicial. «Hemos llegado de chiripa», admite.

Pini viaja sin vuelo de vuelta cerrado. No es un descuido, sino una declaración de intenciones. Tiene entradas pagadas para todos los partidos de España y piensa seguir a la selección mientras siga viva en el torneo. «Cuesta una pasta, pero no tengo otras vacaciones. Ahorro cada dos años para poder seguir al equipo en estas competiciones», explica. Si España cae antes de la final, la devolución de las entradas llegará dentro de unos meses. Si no cae, tocará seguir cambiando de ciudad, buscando alojamiento y cuadrando rutas. La incertidumbre, en este caso, forma parte del encanto.

En Atlanta no estarán solos. La grada española reunirá a unos 400 aficionados desplazados, una pequeña marea roja en mitad del Mundial. Entre ellos también se encuentra el calagurritano Rafa Nieva, acompañado por cuatro calagurritanos más.

Han pasado unos días haciendo turismo antes de meterse de lleno en la competición y tienen por delante los dos primeros partidos de España: el debut de este lunes ante Cabo Verde y el duelo del próximo domingo frente a Arabia Saudí.
Para todos ellos, el Mundial ya ha empezado mucho antes de que ruede la pelota. Empezó en las reservas, en los ahorros, en las maletas, en los vuelos cruzados y en esa mezcla de ilusión y locura que solo entiende quien alguna vez ha viajado detrás de un equipo. Pini lo lleva haciendo desde 2012. Catorce años después, sigue ahí.


