La Rioja

Barrio de San Antonio: 50 años intentando que el Ebro deje de separar Logroño

Barrio de San Antonio: medio siglo intentando que el Ebro deje de separar Logroño

La Asociación de Vecinos de San Antonio cumple 50 años. Medio siglo de reuniones, escritos, reivindicaciones, conversaciones con ayuntamientos de todos los colores y una misma idea: conseguir que el barrio dejara de sentirse como una zona apartada de Logroño. Y es que, según los vecinos de siempre, San Antonio ha vivido durante décadas con una etiqueta difícil de quitar: la de estar «al oro lado del río». Una expresión que Luis Carlos Martínez, expresidente de la asociación, conoce bien y que «todavía hoy sigue pensando en la forma en la que muchos logroñeses miran a esta margen del Ebro».

Sin embargo, él siempre ha defendido lo contrario. «Estamos más cerca que cualquiera. Cruzamos el puente y estamos en el Ayuntamiento, en el Espolón o en Portales». Esa paradoja ha acompañado la historia reciente de San Antonio, un barrio junto al centro, pero durante mucho tiempo sentido como periferia.

La asociación nació precisamente de esa sensación de abandono. Martínez recuerda que todo comenzó por la inquietud de un grupo de vecinos que vivían en una zona «muy degradada» y que sentían que las instituciones no atendían sus peticiones. Aquellas primeras reuniones se celebraron en la parroquia de San Antonio, donde los vecinos empezaron a organizarse para hablar con el Ayuntamiento y dar forma a una asociación vecinal legal.

Las necesidades eran muchas. «La zona estaba dejada de la mano de Dios», recuerda Martínez. Donde hoy se encuentra el parque de San Antonio había viviendas en muy mal estado. También las había en el Camino Viejo de Logroño, en la Cuesta de Pavía, en la carretera de Navarra o en el entorno del Pozo Cubillas. «Había casas que se caían». Y aquel paisaje lo completaban granjas, vaquerías, empresas, problemas de limpieza, una recogida de basura deficiente y una falta casi absoluta de comunicaciones con la ciudad.

«El río lo que hacía era separar». Esa frase explica buena parte de la razón de ser de la asociación. San Antonio no pedía grandes lujos, sino lo básico: transporte público, accesos, limpieza, servicios, zonas verdes y una mirada municipal que no siempre llegaba a esta margen del Ebro. «Los vecinos nos sentíamos abandonados».

En estas cinco décadas, el barrio ha cambiado de forma profunda. Uno de los grandes logros fue la llegada del transporte público. «Hasta aquí no llegaba nada». También destaca la mejora de los accesos, entre ellos el acceso al cementerio por la carretera de Mendavia, una reivindicación vecinal en una época en la que «la gente llegaba como podía por caminos poco adecuados».

Pero si hay un espacio que simboliza la transformación de San Antonio es su parque. Donde antes hubo viviendas y empresas familiares se abre hoy una de las zonas verdes más reconocibles del barrio. «Fue un logro de la asociación que se hiciera el parque de San Antonio». Más tarde se completó con la zona deportiva en unos terrenos que pertenecían a Electra y que terminaron incorporándose al conjunto actual.

La asociación también mantuvo durante años la reivindicación sobre el entorno de la actual Casa de las Ciencias. Martínez recuerda aquel espacio como una zona abandonada y sin cuidado. «La Casa de las Ciencias al principio era un nido de ratas». No atribuye la creación del equipamiento directamente a la asociación pero sí recuerda que los vecinos insistieron durante mucho tiempo en que allí «había que hacer algo».

San Antonio, sin embargo, no solo ha cambiado en sus calles. También lo ha hecho en su forma de vivir. Martínez habla de un barrio que antes tenía ambiente casi de pueblo, con vecinos que se conocían, comercio de proximidad y mucha vida en la calle. «En sus tiempos teníamos carnicería, pescadería, tienda de ultramarinos… Hoy, buena parte de ese tejido ha desaparecido y al no haber comercio, no hay prácticamente vida social».

Ese cambio ha transformado también la relación entre los vecinos. En algunas zonas, como los bloques de las antiguas Franco Españolas, Martínez recuerda una comunidad en la que «éramos todos conocidísimos». Con el paso de los años, muchos mayores han fallecido, los hijos se han marchado, algunos pisos se han vendido o alquilado y el barrio ha perdido parte de aquella vida cotidiana. «Ya no es el ambiente de barrio de pueblo que había antiguamente», lamenta.

Una de las razones fue la falta de vivienda durante años. «La gente joven tuvo que irse porque no había casas». La asociación reclamó nuevas promociones para que quienes crecían en San Antonio pudieran quedarse al emanciparse. Pero esa vivienda llegó tarde o se desarrolló en otros entornos próximos, como El Campillo, que aunque comparte margen izquierda, no siempre responde a la misma identidad vecinal.

A pesar de los avances, las reivindicaciones siguen abiertas. San Antonio ha pedido durante años una farmacia, un supermercado, una tienda o un banco. Algunos servicios han llegado a zonas cercanas pero Martínez insiste en que no es exactamente lo mismo. También señala la necesidad de mejorar la limpieza, algunos espacios de la Ciudad de Monte Cantabria y el aparcamiento, especialmente desde que el cierre del Puente de Hierro los fines de semana ha llevado a muchos logroñeses a dejar el coche en el barrio para cruzar andando al centro.

El parque de San Antonio, orgullo del barrio, también concentra tareas pendientes. «Primero se hizo el parque y luego se hicieron las viviendas», y eso ha generado accesos complicados para algunos residentes. Además, la iluminación se diseñó sin prever el crecimiento de los árboles. «Por la noche no se ve nada», asegura. A ello se suman los problemas de drenaje, ya que el parque fue concebido como un espacio natural y no cuenta con un sistema de alcantarillado adecuado.

El aniversario llega así con una mezcla de orgullo y reivindicación. Orgullo por haber cumplido 50 años como voz del barrio y reivindicación porque, aunque San Antonio ha mejorado, todavía arrastra viejas demandas y cierta barrera simbólica con el resto de Logroño. «La asociación sigue luchando para que todo esté más dignificado, para que el Ebro no siga separando, sino que siga uniendo».

Aún con todo, Luis Carlos no duda en decir que «tenemos el barrio más puro de Logroño, la mayor zona verde, el Ebro, naturaleza… Estamos rodeados de naturaleza en pleno centro de Logroño ye so es un auténtico lujo».

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