El calor ha llegado pronto y muchos hogares riojanos han empezado a hacer un gesto que, otros años, solía esperar un poco más: encender el ventilador o el aire acondicionado. Un gesto, tan sencillo como buscar alivio en el salón o en la oficina, que tiene un reflejo directo en la factura de la luz. David García Herce, CEO de Brener, explica que las altas temperaturas elevan el consumo eléctrico porque, a diferencia del frío, «el calor no se puede combatir más que con este tipo de aparatos».
La cuestión, matiza, tiene una doble lectura. Por un lado, el consumo sube porque los aparatos de climatización están entre los que más energía demandan dentro de una vivienda. Por otro, la primavera suele ser una época favorable para el precio de la electricidad, ya que se combinan más horas de luz, una alta producción fotovoltaica y temperaturas todavía relativamente moderadas, entre 20 y 30 grados, que permiten a las instalaciones solares rendir mejor. Es decir: se consume más, sí, pero en un momento en el que el precio de la energía puede ser más bajo que en pleno verano.
El problema llega cuando el calor se dispara de verdad. García Herce advierte de que, por encima de los 30 grados y especialmente en olas de calor con temperaturas de 40 o más, las placas fotovoltaicas pierden rendimiento. Aunque haya mucho sol, el exceso de temperatura perjudica el funcionamiento de la tecnología. Además, en esos episodios suele soplar menos viento, lo que reduce también la aportación eólica. Resultado: se necesita más electricidad para enfriar viviendas y locales, pero el precio ya no baja tanto.
A esa realidad se suma otro cambio de fondo: la electrificación creciente de los hogares. Cada vez más viviendas incorporan sistemas como la aerotermia, que sustituyen a las calderas tradicionales y utilizan electricidad tanto para calentar en invierno como para refrescar en verano. Son sistemas más eficientes, pero hacen que el peso de la luz en el gasto energético doméstico sea cada vez mayor. La factura, por tanto, ya no depende solo de encender unas luces o poner una lavadora, sino también de cómo se climatiza la casa.
El CEO de Brener resume la situación con una idea clara: el buen tiempo puede abaratar el mercado eléctrico cuando las renovables funcionan con fuerza, pero el calor extremo cambia el equilibrio. Y este año, con los aires funcionando ya en mayo, la sensación es que el verano se adelanta. «Al final, casi nos estamos acostumbrando», apunta García Herce. La costumbre, sin embargo, tiene coste: cada grado de más fuera de casa suele acabar notándose dentro del recibo.


