Los alrededores de Las Gaunas también han jugado su propio partido. Antes de que el balón mandara sobre el césped, la zona del estadio se ha llenado de camisetas blanquirrojas, cuadrillas buscando sombra, familias camino de la grada y aficionados apurando la previa entre nervios, calor y ganas de fútbol. Logroño ha vivido esas horas previas con el pulso especial de las grandes citas, cuando cada calle cercana al estadio empieza a parecer una prolongación de la grada.
Entre bares, accesos, aceras y puntos de encuentro, la ciudad ha ido calentando una tarde marcada en rojo y blanco. Algunos han llegado con tiempo para saborear el ambiente; otros han preferido reservar fuerzas hasta el último momento, pero todos compartían la misma sensación: la UD Logroñés no afrontaba una tarde cualquiera. Fuera del campo ya se respiraba final, con la ilusión contenida de quien sabe que el partido empieza mucho antes de sentarse en su asiento.


