Tender la ropa y volver a recogerla corriendo. Mirar al cielo antes de salir de casa. Recuperar el abrigo en pleno mitad de mayo. Cancelar terrazas, paseos o salir con la bicicleta por culpa de la lluvia. Durante las dos últimas semanas, la sensación compartida en La Rioja es de que no ha dejado de llover ni un solo día. Y los datos confirman que no era solo una percepción colectiva.
Porque en 14 de los primeros 15 días de mayo se han registrado precipitaciones en distintos puntos de la comunidad. Solo el 6 de mayo consiguió librarse de la lluvia en una primera quincena marcada por la inestabilidad casi constante, las tormentas diarias y unas temperaturas mucho más propias de marzo que de las puertas del verano. Además, algunas jornadas dejaron registros especialmente destacados. Según los datos difundidos esta semana por la Agencia Estatal de Meteorología, el pasado 13 de mayo se recogieron alrededor de 15 litros por metro cuadrado en Haro, cerca de 14 litros en Valdezcaray y casi 10 litros en Logroño. Cantidades que ayudan a explicar la sensación de un mayo permanentemente pasado por agua.
La propia Agencia Estatal de Meteorología ya advertía esta misma semana de una situación poco habitual, con precipitaciones prácticamente continuas desde el arranque del mes y un ambiente claramente más frío de lo normal para estas fechas. Un escenario que ha dejado estampas poco frecuentes en plena primavera avanzada.
Porque mientras en el valle los paraguas se han convertido en un complemento imprescindible, en la sierra el episodio ha llegado incluso a dejar nieve. Valdezcaray volvió a teñirse parcialmente de blanco durante este pasado viernes de San Isidro en una imagen que resume perfectamente el extraño comportamiento meteorológico de este mayo riojano.

EFE/ Raquel Manzanares
Y eso que apenas unas semanas antes la situación era completamente distinta. Abril había dejado temperaturas excepcionalmente altas para la época, con registros muy por encima de la media habitual y una sensación prematura de verano que ahora parece lejana. El cambio de patrón atmosférico ha sido tan brusco que La Rioja ha pasado en cuestión de días del calor adelantado al paraguas permanente.
Más allá de los litros acumulados, la clave de este episodio ha sido la continuidad. No se ha tratado de una gran tormenta puntual ni de un temporal concentrado en pocas jornadas, sino de una sucesión casi ininterrumpida de días grises, chubascos, tormentas vespertinas y cielos cubiertos que ha terminado alterando por completo la rutina habitual de mayo.
Las terrazas han trabajado mirando constantemente al radar meteorológico, las actividades al aire libre han vivido pendientes del cielo y muchos riojanos han terminado pronunciando una frase repetida durante toda la quincena: «A ver si sale ya el sol».
Todo apunta a que la dinámica meteorológica comienza por fin a cambiar. Las previsiones anuncian una subida progresiva de las temperaturas a partir de este fin de semana y el regreso de jornadas mucho más estables y soleadas en buena parte de La Rioja. Después de una primera mitad de mayo marcada por la lluvia casi diaria, el ambiente primaveral parece dispuesto ahora sí a instalarse definitivamente en la comunidad.
Los termómetros volverán a superar con claridad los veinte grados en el valle y las tormentas perderán protagonismo tras dos semanas en las que el paraguas se convirtió prácticamente en obligatorio. Un giro de guion que muchos riojanos esperaban ya con impaciencia después de un mayo que, por momentos, pareció más noviembre que primavera.


