A veces los grupos nacen en grandes ciudades, entre salas diminutas y noches interminables. Y otras veces empiezan mucho más cerca. En una oficina de Calahorra. En una conversación cualquiera después del trabajo. En una guitarra comprada casi por impulso. Así comenzó Marcú, una banda que surgió en plena pandemia sin demasiadas pretensiones y que ahora, apenas cuatro años después, presenta ‘Historias Distintas’, su primer disco de larga duración. Un álbum que llega el próximo 15 de mayo y que confirma algo que ya empezaba a intuirse desde hace tiempo: lo suyo dejó de ser una casualidad hace bastante tiempo.
«Marcú nace porque Andrea se compra una guitarra y yo me compro la misma», cuenta Carolina Celorrio, vocalista de la banda. Ella trabajaba con Andrea Valdanzo y, entre turnos y ratos muertos, empezaron a tocar juntas. «Como no tenía destreza en los dedos, me dediqué a cantar», recuerda entre risas. Aquel juego acabó creciendo casi sin darse cuenta. Fernando, el primer batería, apareció porque en el trabajo tenían una batería electrónica. Dani ya tocaba la guitarra y después llegó David Guillot después al bajo. Y, de repente, se dieron cuenta de que eso sonaba mucho mejor de lo que ellos mismos creían en un principio.
La pandemia hacía extraño hasta lo más cotidiano. Ensayar con mascarilla parecía una contradicción absurda para un grupo que estaba intentando aprender a respirar juntos. Pero precisamente en mitad de aquel silencio raro de 2020 nació el grupo. «Crear un grupo en plena pandemia fue curioso», resume Carolina. Y quizá también necesario. Una manera de escapar del ruido del mundo mientras todo estaba parado.
El primer concierto llegó en octubre de 2021, en el ciclo Lunarte de Calahorra. Ahí empezó todo de verdad. Desde entonces, la evolución ha sido lenta, pero firme. Muy firme.

Marcú (Carolina Celorrio, Andrea Valdanzo, Daniel Jaime Ayensa, David Guillot y Ángel Conde)pertenece a esa generación de bandas que hacen absolutamente todo solas. Las canciones, los videoclips, los carteles, las portadas, las redes sociales, las fotografías promocionales, el montaje técnico de los conciertos. Todo. Carolina y Andrea trabajan precisamente en el mundo audiovisual y del marketing, así que el grupo se convirtió también en una especie de laboratorio creativo permanente. «Es un poco cocinarte tu propia comida para poder comer», resume Carolina.
Y en esa autogestión hay algo profundamente honesto. Porque Marcú no parece una banda fabricada para encajar en ninguna moda concreta. Más bien transmite la sensación de ir construyéndose sobre la marcha, entendiendo quiénes son canción a canción. Ese crecimiento tuvo un momento clave: su reinterpretación de Chorra, tú eres Calahorra.
Lo que empezó como un homenaje terminó convirtiéndose en una pequeña revolución local. Algunos la adoraron. Otros defendieron la original casi como un patrimonio intocable. Pero el efecto fue inmediato: la gente empezó a reconocerles por la calle, las redes se llenaron de mensajes y, sobre todo, el grupo descubrió algo importante. Habían conectado. «Fue la primera vez que dijimos: ‘¿Qué está pasando?’», reconoce Carolina.

Pero quizá hubo otro instante todavía más decisivo. Uno mucho más pequeño. Más íntimo. Un concierto en el Cafetín de Calahorra, en abril de 2024. Allí ocurrió algo que ningún grupo olvida jamás: escuchar al público cantar canciones propias. No versiones. No himnos conocidos. Sus canciones. «Ahí sí que nos quedamos todos en shock», recuerda. Porque eso cambia algo. «De pronto, las canciones dejan de ser tuyas».
Ahora llega ‘Historias Distintas’. Un disco que, como explica el propio título, funciona como una colección de pequeños relatos emocionales. Historias independientes que van desde la ironía hasta la nostalgia, desde lo luminoso hasta lo íntimo. Ahí uno puede encontrarse con ‘Indies de mierda’, probablemente una de las canciones más afiladas del álbum, una crítica cargada de sarcasmo hacia esa industria musical que muchas veces ignora a los grupos pequeños mientras presume de apoyar la música emergente. O ‘Refugios’, mucho más emocional, dedicada a esas personas que sostienen a otros cuando todo se tambalea.
Porque Marcú juega precisamente ahí: entre la canción que entra directa y la que pide quedarse escuchando la letra un rato más. «Tenemos una parte más festivalera y otra más intensa», explica Carolina. «Canciones más para cantar y otras más para escuchar».

El álbum, producido por Eñaut Gaztañaga y Guillermo Mutiloa, y grabado entre Pamplona y Guipúzcoa durante la primavera de 2025. Y aunque el disco llega ahora, muchas de sus canciones llevan años creciendo en silencio. Algunas incluso han cambiado completamente desde aquellas primeras maquetas grabadas en Logroño y descartadas porque «no sonaban como tenían que sonar». Y es que, las canciones, dicen ellos, evolucionan como las personas.
Y quizá por eso Marcú transmite verdad. Porque nada parece acelerado. Ni impostado. Han tardado años en sacar este primer disco porque necesitaban reconocerlo como suyo antes de publicarlo.
Ahora llega el siguiente paso: salir fuera. Madrid, Zaragoza, Málaga, Tudela o Logroño forman parte ya de una gira con la que quieren dejar de ser únicamente una banda local. Aunque tampoco reniegan de eso. Al contrario. Su vínculo con Calahorra sigue siendo una parte esencial de lo que son. Pero saben que para crecer hay que moverse. «En Calahorra ya nos conocen demasiado», bromea Carolina. «Ahora queremos que otra gente pueda descubrirnos».
Y mientras lo cuentan, da la sensación de que Marcú sigue funcionando exactamente igual que el primer día: cinco personas intentando hacer canciones honestas entre trabajos, horarios imposibles y kilómetros de carretera. Solo que ahora ya no ensayan para ver qué pasa.
Ahora empiezan a entender que quizá esto va en serio.


