Las labores de labranza en la viña ocupan estas tardes de primavera de Antonio García. En unos días llegará la época de la espergura y entonces sí que tendrá que delegar la faena en terceras manos porque el tiempo apremia y su jornada laboral, cabe reseñar, la concentra principalmente su cargo como operario de mantenimiento en la empresa maderera Garnica, en Baños de Río Tobía, donde trabaja desde hace una década. Natural de Badarán, este joven es uno de los beneficiarios del Plan Revive para afianzar población joven en las zonas rurales y lo ha conseguido sin salir de su localidad natal, manteniendo su vida social y su puesto de trabajo.

Después de que sus padres (ambos agricultores) se jubilaran, hace un año decidió encargarse de las viñas de la familia para tener un complemento más. «Son pocas, unas cuatro hectáreas de las que saco en torno a los 20.000 kilos de uva, así que yo me encargo de podar, labrar y tratar, aunque la espergura, el desniete y la vendimia ya corren a cargo de una cuadrilla». Un trabajo más que compagina con los turnos de la fábrica y, por si fuera poco, con el desempeño de las visitas de enoturismo los fines de semana en la bodega David Moreno. «Al final no tengo más responsabilidades y puedo organizarme bien para llegar a todo. Es lo que toca».

Es consciente de que tuvo suerte al dar con la casa en la que reside desde hace apenas un año, pero la búsqueda no fue sencilla. «Al principio estaba abierto a irme a vivir a cualquier sitio, también fuera de La Rioja, pero una vez me decidí a quedarme y comencé a buscar casa me topé con la realidad de falta de oferta. Barajé incluso irme a Navarrete, porque Logroño lo tenía descartado desde el principio después de haber pasado seis años allí. Pero realmente quería vivir en el que siempre ha sido mi pueblo, así que busqué opciones y valoré lo que había de las tres alternativas que se me presentaron: una de ellas estaba prácticamente a estrenar porque la habían construido pero no se había usado apenas; otra requería de más reforma y en el último momento, además, subieron su precio, mientras que la tercera tenía mucho trabajo por delante. Así que estaba claro, la primera opción era la idónea y, además, estaba en el centro del pueblo».

La falta de vivienda apta para habitar sigue siendo el gran muro del acceso de futuros vecinos al medio rural. García reconoce que en otros municipios de la zona sí se ha apostado por este factor residencial, impulsando nuevas promociones de viviendas asequibles pensadas para esos jóvenes que buscan independizarse y también para familias que quieran tener una segunda residencia en el pueblo para fines de semana y periodos vacaciones. «Aquí hubo un proyecto de construcción de viviendas de protección oficial, pero finalmente no prosperó. Es por ello que, ante la falta de viviendas, desde el Ayuntamiento estamos promoviendo el derrumbe de aquellas casas en estado de ruina con el fin de liberar solares que puedan adquirirse por futuros propietarios», relata quien también ejerce de concejal en el Ayuntamiento de Badarán. «La mayoría de casas que hay a la venta están directamente para demolir y construir algo nuevo, con los costes que eso supone, lo que frena mucho a la gente».

Desde el famoso guardaviñas de la bodega David Moreno donde García ofrece algunas de las visitas a los turistas se aprecia el skyline de Badarán, un municipio rodeado de viñas brotadas y cereal a las puertas de espigar, al abrigo de una sierra de la Demanda protectora y liderada por el pico San Lorenzo. «Estamos en una zona perfecta para el turismo. Más allá del mundo del vino y las bodegas, tenemos muy cerca el Valle de la Lengua con San Millán de la Cogolla a la cabeza, además del paisaje natural que tenemos. Y junto a ello, contamos con todos los servicios necesarios para vivir en el pueblo cómodamente. De hecho, recientemente han habilitado el servicio de guardería, lo que también es un apoyo importante para las familias», apunta con orgullo.


