La Rioja

La Laurel, fuera de control: las despedidas convierten la calle en un «circo»

La llegada de la temporada de despedidas de soltero vuelve a dejar escenas polémicas en el corazón de Logroño. La calle Laurel, uno de los principales reclamos gastronómicos de la ciudad, se ha convertido nuevamente en escenario de comportamientos vergonzosos en muchos casos.

Este fin de semana, el desmadre ha vuelto a adueñarse de la calle, donde distintos grupos han convertido el espacio en un improvisado espectáculo, con escenas que van desde lo festivo hasta lo claramente molesto para el resto de viandantes.

En una de las despedidas, una joven es elevada en brazos por varios hombres mientras agita unos calzoncillos al grito de «huélelo, huélelo», ante la mirada de quienes llenaban la vía. En otra, varios participantes disfrazados, entre ellos un torero y una vaca, recorren la calle entre gritos y cánticos, generando un ambiente más propio de un evento festivo que de una zona dedicada al tapeo.

Sin embargo, uno de los momentos que más críticas ha suscitado es un limbo improvisado en plena calle, protagonizado por un joven disfrazado con un traje llamativo a la par que indescriptible. La actividad, lejos de ser puntual, se prolonga en el tiempo e implica a más personas, bloqueando el paso y obligando a esquivar la escena a quienes trataban de transitar o disfrutar de un pincho con tranquilidad.

Las imágenes, acompañadas de comentarios que califican la situación como un «circo», han reavivado el debate sobre el modelo de ocio que se está consolidando en el Casco Antiguo. No es la primera vez que las despedidas de soltero generan controversia en la Laurel, especialmente durante los meses de primavera, cuando se multiplican este tipo de celebraciones.

Aunque muchas transcurren sin incidentes, la combinación de alcohol, disfraces y desinhibición vuelve a dejar escenas que, según denuncian vecinos y usuarios en redes, deterioran la convivencia y la imagen de uno de los espacios más emblemáticos de la ciudad.

Todo ello en un momento en el que Logroño continúa reforzando su atractivo turístico y tratando de equilibrar la llegada de visitantes con el respeto al día a día de quienes viven en el centro. Un equilibrio que, a juzgar por las imágenes, sigue lejos de alcanzarse y así lo denuncian los vecinos: «La Laurel, de la excelencia gastronómica a la excelente vergüenza».

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