Las viñas de Toño Mayoral van a por su segunda espergura en menos de un año después de dos campañas de poda en cuestión de seis meses. Nunca le habían dado tanto trabajo las cepas, pero tampoco había sufrido nunca una granizada como la del pasado 11 de junio. Una piedra que golpeo toda su explotación, repartida por Hornos de Moncalvillo, Navarrete, Entrena, Sojuela y Ventosa (aunque con especial incidencia en los dos primeros municipios), y que dejó en blanco la vendimia de 2025. «En mi vida había visto un desastre así, con un daño absoluto».
La cosecha de este 2026 todavía está por ver, pero está claro que va a venir más mermada de lo habitual, así que las esperanzas están puestas en recuperar las viñas para que vuelvan a estar en plenas condiciones de cara a la vendimia de 2027.

Tras el desastre, Mayoral podó entre junio y julio la mayor parte de sus viñas siguiendo las indicaciones de los técnicos. «Nos sabíamos si era la mejor opción porque no había precedentes concretos y había muchas opiniones diferentes al respecto de profesionales. Nosotros decidimos podar pese a los costes extra que supone, pero apenas hemos sido tres agricultores los que hemos hecho y reconozco que es una decisión difícil de tomar. A raíz de este siniestro, desde la Universidad de La Rioja y Consejería de Agricultura están desarrollando un proyecto de estudio con estas prácticas de poda fuera de las fechas habituales bajo estas circunstancias», apunta el agricultor de Hornos desde una de las viñas más afectadas en este término municipal.
Uno de los motivos que le llevaron a podar en verano fue la sanidad vegetal y es que las incontables heridas de los pámpanos eran foco directo de enfermedades. «Nos la jugamos pero creemos que era lo mejor y a tiempo pasado, creemos que hemos acertado. Eso sí, el año pasado hubo mucho trabajo porque después de podar tras la tormenta hubo que volver a escardar. Luego, este pasado invierno volvimos a podar y ahora toca escardar de nuevo. Una práctica, además, que va a ser muy complicada porque hay muchos pulgares que no han brotado, así que habrá que dejar alguna de esas escardas como sustitución y volver a formar la cepa en las plantaciones que estén en espaldera».

Hay por delante, por tanto, una labor minuciosa y «muy profesional» de selección. «Ahora habrá que ver qué escardas dejamos y cómo formamos esas cepas donde los pulgares se han secado, y lo más importante: a ver a qué gente encontramos cualificada para hacerlo porque no es una campaña de escarda al uso en la que dejas el pulgar y retiras todo lo demás. Está claro que va a ser muy complicado dar con mano de obra especializada, además del gasto económico que va a suponer».
Mayoral ya advierte que la producción de este año va a ser «totalmente limitada», más allá del trabajo adicional que va a tener esta primavera. Todo ello, precisamente, en un contexto de baja rentabilidad y pérdidas económicas para el sector vitivinícola. «De lo que podamos en junio ahora los pulgares que han salido son mucho más débiles, pero al menos ahora tenemos madera sana y eso es lo importante».


