«Optimismo prudente». «Encrucijada». «Crecimiento». «Oportunidad gigante». «Momento incómodo». «Abrumadas en la nueva normalidad». Estas han sido, extremadamente resumidas, las seis definiciones del momento actual de la empresa riojana que han realizado los seis protagonistas del primer diálogo del ciclo ‘La Rioja que viene’, que este martes se ha iniciado en La Redacción de NueveCuatroUno. Se trata de una serie de mesas redondas con los protagonistas del tejido empresarial riojano que este medio pone en marcha con el patrocinio del Gobierno de La Rioja y Caja Rural de Navarra y que pretende radiografiar el estado de la cuestión para saber cómo podemos mirar al futuro.
Los protagonistas del diálogo que ha estrenado el ciclo han sido Luis Pérez Echeguren, gerente de la Agencia de Desarrollo Económico de La Rioja; Javier Los Arcos, responsable de empresas de Caja Rural de Navarra; Carlota González, presidenta de la Asociación Riojana de la Empresa Familiar y CEO del Grupo Rafael González (Végola); Miguel Ángel Gordillo, director de Iberaval en La Rioja; Pilar Vargas, catedrática de organización de empresas de la Universidad de La Rioja y Sheila Argaiz, jefa del departamento internacional y oficina de fondos europeos de la Federación de Empresas de La Rioja. Un diálogo planteado para entender, desde dentro, cómo respira hoy la empresa riojana y, a partir de ahí, dibujar con la conversación una radiografía compleja, con claroscuros, pero también con vectores de avance definidos.

Carlota Gonzálex, presidenta de AREF
Un tejido empresarial que resiste y se adapta
Más allá de los matices, hay un consenso de partida: la empresa riojana está mejor preparada que hace cinco años. Más profesionalizada, más estratégica y, sobre todo, más acostumbrada a convivir con la incertidumbre. La crisis financiera, la pandemia y los conflictos geopolíticos han configurado un empresariado más resiliente, («lo que antes llamábamos flexibilidad», Pilar Vargas dixit), capaz de analizar escenarios y tomar decisiones en entornos cambiantes.
Ese «optimismo prudente» con el que ha arrancado el diálogo Javier Los Arcos, responsable de empresas de Caja Rural de Navarra, «una visión de futuro muy buena, pero con mucha cautela por lo que está pasando», se sostiene en datos, como mejores balances o mayor facturación en muchos casos, pero también en la incómoda realidad de un contexto cada vez más exigente. La subida de costes, la presión en márgenes o la dependencia de mercados exteriores dibujan un terreno en el que competir ya no es solo difícil, sino estructuralmente complejo.

Luis Pérez Echeguren, gerente de la ADER
A ello se suman problemas de fondo que se repiten como un mantra en todas las empresas: burocracia, absentismo y, especialmente, falta de mano de obra. Miguel Ángel Gordillo, director de Iberaval en La Rioja ha explicado cuál es el argumento que más escucha en conversaciones con los empresarios: «El principal problema no son las guerras, es el empleo: no encuentro gente».
Una idea en la que también ha insistido Luis Pérez: «Hay empresas que no crecen porque no tienen equipos para crecer». Que no se escape el dato que, sobre el absentismo, ha puesto sobre la mesa Sheila Argaiz y que ilustra bien la magnitud del problema: cada día, en La Rioja, 9.000 trabajadores no acuden a sus puestos de trabajo.
Agroalimentación, industria y nuevos nichos: los motores
En cuanto a sectores, aunque la visión académica de Pilar Vargas apunta que «deberíamos hablar mejor de cadenas, clústeres o distritos», la fotografía sigue teniendo pilares reconocibles, pero con matices. El agroalimentario —especialmente las conservas y la industria cárnica— continúa liderando en volumen y facturación, acompañado de sectores tradicionales como el calzado o el auxiliar de automoción.

Javier Los Arcos, de Caja Rural de Navarra.
Sin embargo, la conversación ha dejado claro que el mapa es más diverso de lo que a menudo se percibe. La logística y el transporte «están tirando mucho», ha señalado Javier Los Arcos, mientras que el ocio mantiene un dinamismo constante. Y, sobre todo, emergen empresas y nichos menos visibles —nanotecnología, biotecnología o soluciones avanzadas— que apuntan a una diversificación progresiva del tejido empresarial.
Todo ello con un condicionante estructural: el tamaño. La predominancia de pymes limita la capacidad de acometer grandes inversiones, aunque también aporta flexibilidad y rapidez de adaptación. «Las empresas pequeñas tienen más capacidad de desplegar y replegar recursos», ha apuntado Vargas, subrayando esa doble cara del tejido empresarial riojano.

Pilar Vargas, Universidad de La Rioja.
La tecnología: oportunidad… y brecha
El mayor consenso de la mañana ha sido el del papel de la tecnología. No como un distrito más, sino como el gran vector de transformación de todos los demás.
La digitalización básica está extendida en la empresa riojana, aunque el uso intensivo de determinadas tecnologías —especialmente la inteligencia artificial— sigue siendo incipiente. El reto no es tanto adoptar herramientas como transformar procesos, cultura y estrategia empresarial. Y ahí es donde se abre la brecha. «Se han adoptado herramientas, pero el uso intensivo dentro de la empresa es todavía bajo», ha resumido Pilar Vargas. Más contundente ha sido el responsable de la ADER, Luis Pérez: «La tecnología va a ser una oportunidad gigante para el que la asuma y un problema para el que no».
El diagnóstico es claro: hay avances, pero el tejido —especialmente el más pequeño— está aún en una fase muy inicial. Falta inversión, acompañamiento y, sobre todo, claridad estratégica. «En la digitalización y la IA, lo difícil es bajar al terreno y decidir qué es lo lo que hay que digitalizar para aplicarlo realmente en nuestro beneficio», ha apuntado Carlota González, poniendo el foco en la necesidad de priorizar y adaptar cada proceso a la realidad de cada empresa.

Sheila Argaiz, responsable de internacionalización de la FER.
Talento: el gran cuello de botella
Si la tecnología es el motor, el talento es el combustible. Y ahí aparece el principal cuello de botella del sistema. La dificultad para encontrar perfiles cualificados —especialmente técnicos— es ya el principal freno al crecimiento. A ello se suma un problema de percepción: muchos jóvenes siguen mirando fuera sin conocer las oportunidades que ofrece el propio tejido empresarial riojano.
La solución pasa, y esa es otra de las peticiones en voz alta de la mesa redonda, por reforzar la conexión entre empresa, universidad e instituciones. Sheila Argaiz es rotunda: «Sin salir de La Rioja se pueden desarrollar carreras profesionales internacionales importantísimas en el ámbito técnico y en muchos otros ámbitos. Estudiando aquí o donde sea, pero viniendo a trabajar aquí, a empresas que son potentísimas, de primer nivel, incluso líderes a nivel mundial».
En definitiva, adaptar la formación a las necesidades reales, facilitar la incorporación de jóvenes y, sobre todo, poner en valor proyectos empresariales capaces de ofrecer carreras profesionales atractivas sin salir de la región.

Porque, como se ha escuchado en la mesa, La Rioja tiene activos diferenciales —calidad de vida, tamaño, cercanía— que pueden jugar a favor en la guerra por el talento, si se saben comunicar. «La gente no quiere solo ganar más, quiere vivir bien», ha apuntado Javier Los Arcos en una idea que conecta directamente con la capacidad de atracción de la región.
¿Quienes marcan el paso?
El cierre de este primer diálogo del ciclo ‘La Rioja que viene’ en La Redacción de NueveCuatroUno ha servido también para poner nombres propios sobre la mesa y aterrizar el debate en ejemplos concretos. Más allá de los grandes sectores, más allá del vino y con el respeto que da citar nombres propios por aquello de dejar alguno injustamente fuera, los participantes han coincidido en reivindicar el papel de empresas menos visibles pero altamente innovadoras que están marcando el paso en la región.
Casos como Rioja Nature Pharma o Avanzare evidencian que La Rioja también es capaz de generar proyectos punteros en ámbitos como la biotecnología o la nanotecnología, alejados del imaginario tradicional. O los de Gnoss y Spectral Geo. «Lo que hacen Carlos y Heidi me maravilla», ha apuntado Luis Pérez. «Se pueden hacer muchas más cosas de las que pensamos desde aquí porque hay entorno y capacidad», ha apuntado Carlota González, en una reflexión que conecta directamente con la necesidad de elevar la ambición empresarial y romper ciertos límites autoimpuestos.
Además de estos nombres también se ha destacado el valor de compañías consolidadas que han sabido evolucionar y competir en mercados globales, especialmente en sectores como la alimentación o el calzado, como Cidacos o Callaghan, donde el diseño, la eficiencia y la marca siguen siendo diferenciales. «Las empresas del Polígono de La Maja, en Arnedo, son una referencia», ha dicho Miguel Ángel Gordillo.

Y se ha puesto sobre la mesa para terminar una idea de fondo que sobrevuela todo el diagnóstico: La Rioja no puede competir en volumen, pero sí en valor. Construir marca —no solo en torno al vino, sino al conjunto del tejido empresarial— ha sido uno de los grandes retos compartidos por los participantes en la mesa.
«Tenemos que pensar en grande», una reflexión firmada por Carlota González que apela a un cambio de mentalidad que permita proyectar hacia fuera todo el potencial de una comunidad pequeña en tamaño, pero con capacidad para jugar en ligas mayores. «El problema viene no por el tamaño, sino porque o piensas en grande o piensas en pequeño. Y lo tenemos todo para pensar en grande: el entorno, las empresas, la zona, la ubicación, las personas…». De las infraestructuras, o de la ausencia de infraestructuras, mejor ni hablamos.



