Lástima de espada. El estoque ha echado por tierra un triunfo importante de Fabio Jiménez en Valdilecha, mas no la dimensión de un buen torero. Un muy buen torero de una madurez inversamente proporcional a su corta carrera. Pese a que ésta era su quinta tarde como matador de alternativa, el diestro de Alfaro ha toreado al natural como pocos lo hacen tras una vida en la profesión. Sorteó Jiménez con dos toros sin opciones de triunfo; tan parado aquel de Buenavista que hizo tercero, y carente de fondo y ayuno de clase el del hierro portugués de Sao Torcuato encargado de abrochar la tarde. Pero el caso es que Fabio recetó a ambos esa torería innata en él, basada en el aplomo, la verticalidad, la suavidad, el temple y el gusto.
Suma categoría adquirieron no menos de doce naturales al sexto. Siempre el pecho ofrecido, los hombros sueltos, los riñones hundidos, la suerte cargada y sólo los vuelos ofrecidos. Tiró Fabio de aquellas embestidas dibujando naturales de caro dibujo, excelente ritmo, enorme hondura, más profundidad y toda esa largura que, sólo quien ha nacido para bordar el toreo al natural, consigue sin perder un ápice de naturalidad. Tan buenos fueron esos doce que digo, que el resto del trasteo, pese a llegar siempre salpicado de torería, de suavidad y de esa sencillez que sólo nace de la naturalidad, pareció como perder algo de interés o chispa. La espada jorobó todo.

FOTO: CopaChenel.
La ovación con la que los tendidos de Valdilecha recibieron al tercer toro venía más a celebrar la belleza de aquella capa burraca que la excesiva romana de un toro un tanto alto de manos y hecho cuesta arriba. El caso es que el toro de Buenavista regaló no más de dos embestidas en el capote de Fabio Jiménez, recogidas en una verónica y una media de cante grande. Reservón, parado y esperando mucho en banderillas, el toro de Buenavista preludió entonces su nulo juego en la muleta. Con la misma torería que luego, Jiménez decidió con acierto acortar las distancias y armarse de valor para robar, de un en uno y a cuenta gotas, media docena de naturales como los que iban a llegar más tarde. El pecho ofrecido, asida la muleta desde el centro de estaquillador y con una determinación impropia de torero tan novel, el de Alfaro tiró de temple para hacer brotar el toreo de una fuente seca y tan a contraestilo. El mal uso del estoque dejó en una ovación todo el premio.
Una oreja paseó Alejandro Marcos del cuarto, un toro de Buenavista de buen fondo, duración, nobleza y clase. Alternó Marcos momentos de enorme profundidad con otros de torería y gusto, como desde aquel inicio mandón, rematado con un trincherazo de cartel, hasta aquellas series de buen trazo y ligazón acabadas con trincherillas o ayudados por bajo de enorme sabor. Todo lo que hizo Marcos nació del temple y la suavidad; la ausencia de toques, las alturas precisas, los tiempos medidos y las series exactas en su contenido. Fue ganando profundidad y hondura la obra de Marcos y también despaciosidad con un final roto y torero a partes iguales. Antes, Marcos lució en el saludo a la verónica, en un galleo por chicuelinas y en un quite, también a la verónica, templado, mecido, acompasado y con los brazos muy bien jugados. La espada se llevó un premio mayor.

FOTO: CopaChenel.
Demasiado pronto se definió el primer toro de la tarde, perteneciente al hierro de Sao Torcuato. Aquellas cortas embestidas de salida fueron prólogo y también cuerpo y epílogo de toda la lidia. Poco pudo hacer Alejandro Marcos frente a un toro que siempre salió con la cara alta de cada muletazo y como queriendo tropezar los engaños del salmantino. Pese a no abrirse nunca y hasta reponer en ocasiones, Marcos logró un serie en redondo ligada y de buen aire llevando muy tapadas aquellas deslucidas embestidas del animal. Un final más aplomado y relajado dejó a las claras que el diestro salmantino estuvo muy por encima de aquellas deslucidas condiciones del toro de Sao Torcuato. Falló varias veces con el estoque.
Aquel otro aire, más alegre y de mayor transmisión, que trajo en segundo, también de Sao Torcuato, pronto se terminó equiparando en falta de clase y recorrido al de su hermano. Fue este otro toro de embestida deslucida y áspera. La firmeza y la técnica de Jorge Isiegas no fueron suficientes para imponerse a aquellos brutos y desabridos viajes del toro portugués. Falló con la espada y paseó una vuelta al ruedo de aquella manera.
Otro buen toro, por transmisión, ritmo y clase, fue el quinto. Pronto acudió siempre a los cites de Isiegas el toro de Buenavista para embestir largo y con repetición. El trasteo de Isiegas fue un tanto intermitente, con pasajes de buen trazo que se fueron diluyendo por lo pasos perdidos entre muletazos y aquel no terminar de apostar del todo por aquellas buenas condiciones del toro de Buenavista. La espada cayó baja, a Isiegas le pidieron el doble trofeo y la presidencia, con acertado criterio, premió aquel irregular trasteo con una oreja.
El festejo
– Plaza de toros de Valdilecha (Madrid). Cuarto festejo de la Copa Chenel. Dos tercios de plaza. Tres toros de Sao Torcuato, 1°, 2° y 6°, deslucidos y complicados; y tres de Buenavista, parado el tercero; prontos, nobles y enclasados los lidiados en cuarto y quinto lugar.
– Alejandro Marcos: saludos tras aviso y oreja.
– Jorge Isiegas: vuelta al ruedo tras aviso y oreja.
– Fabio Jiménez: ovación tras aviso y silencio.


