Logroño ha vibrado este sábado a mediodía al ritmo de la pólvora valenciana en una jornada que ha transformado el corazón de la ciudad en una gran fiesta popular, marcada por la emoción, la música y el estruendo de la mascletá.
El estallido de más de 120 kilogramos de pólvora ha hecho temblar el suelo y ha llenado el aire de humo y olor intenso, en una mascletá que durante varios minutos ha captado la atención de un público entregado, entre el asombro de muchos riojanos y la emoción contenida de los visitantes valencianos.
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«Esto hay que sentirlo en directo, no es solo ruido», explicaba Vicent, uno de los muchos valencianos que han llegado a Logroño este fin de semana para vivir en directo esta gran fiesta regional. A su lado una joven logroñesa reconocía sentirse «impresionada por cómo retumba todo, se te mete en el cuerpo».

La jornada ha arrancado con la recepción institucional en el Ayuntamiento, presidida por el alcalde de Logroño, Conrado Escobar, quien ha dado la bienvenida a representantes de distintos municipios valencianos, juntas locales falleras y a un nutrido grupo de falleras, en un acto que ha simbolizado el intercambio cultural entre ambas tierras.
Tras ello, las autoridades han encabezado el desfile hacia la plaza, donde se ha celebrado la ‘crida’, o llamada oficial a la fiesta. En este acto, una fallera ha puesto voz al espíritu de la jornada al proclamar que «la tierra de las flores, de la luz y del amor llega a La Rioja para celebrar su fiesta», subrayando que las Fallas «no entienden de fronteras, porque son sentimiento, pólvora que enciende el alma y música que nos hace vibrar».
Bajo ese ambiente, la plaza, habitual escenario de grandes momentos para la ciudad, ha vuelto a llenarse con más de tres mil visitantes llegados desde la Comunidad Valenciana y numerosos logroñeses que han querido acercarse a descubrir de cerca una tradición que hasta ahora solo conocían de oídas.

Banderas valencianas y riojanas, trajes tradicionales, pasodobles y charangas han convivido durante toda la jornada con el vino, la gastronomía y el ambiente festivo, en una mezcla que ha convertido el centro de Logroño en un espacio de encuentro.
Los pasacalles han ido recorriendo distintas zonas de la ciudad, dejando escenas de música, baile y fotografías, mientras las falleras, con sus elaborados trajes, han atraído la mirada de vecinos y visitantes.

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares
Más allá del espectáculo, la clave ha estado en la convivencia. Valencianos que han viajado para compartir su cultura y riojanos que se han sumado con curiosidad han dado forma a una jornada en la que la fiesta ha servido como punto de unión.
«Venimos a enseñar lo nuestro, pero también a vivir lo de aquí», resumía Dolo, llegada desde Torrent, para participar en un ambiente en el que Logroño ha demostrado que, por un fin de semana, también sabe vivir al estruendo de las Fallas.


