La Rioja

El proyecto de la Asociación Cultural San Miguel se queda a medio camino en Rincón de Soto

Rincón de Soto lo intentó. Durante semanas, la idea de levantar un nuevo local social fue ganando forma entre conversaciones y ese runrún que se instala en los pueblos cuando algo ilusiona de verdad. Había ganas. Se notaba. Pero esta vez no ha sido suficiente. El proyecto impulsado por la Asociación Cultural San Miguel no saldrá adelante tras quedarse en 533 personas interesadas, lejos del objetivo de mil socios que marcaba la viabilidad económica del proyecto.

Más de medio millar de vecinos dijeron ‘sí’, se imaginaron formando parte de ese espacio, vieron posible recuperar —o reinventar— un lugar de encuentro para el pueblo. Muchos, pero no suficientes. El planteamiento era ambicioso. La idea pasaba por que fueran los propios vecinos quienes financiaran el proyecto a través de una aportación inicial, una especie de participación que permitiría comprar el local y acondicionarlo. Un modelo que recordaba al que en su día hizo posible el cine del municipio. Y quizá por eso conectó tan rápido con cierta memoria colectiva: la de cuando las cosas importantes se sacaban adelante entre todos.

La presentación en el cine fue, de hecho, un buen termómetro. Butacas ocupadas, atención, preguntas… y esa sensación de que el proyecto gustaba. Después llegó el momento clave: el sondeo. El buzoneo, los formularios, los días para pensarlo. Ahí es donde la ilusión tuvo que enfrentarse a la realidad. Y la realidad, a veces, es más compleja de lo que parece sobre el papel.

Desde la Asociación Cultural San Miguel lo han asumido con una mezcla de gratitud y decepción. Han agradecido el apoyo recibido -también el de entidades financieras y del propio Ayuntamiento- y han querido poner en valor lo conseguido, aunque no haya sido suficiente. Porque, en el fondo, el resultado deja una lectura doble: el proyecto no sale adelante, pero el compromiso existe.

Queda, eso sí, una sensación difícil de esquivar. La de lo que pudo ser. La de ese local lleno de vida, de reuniones, de celebraciones, de actividades compartidas. Un espacio pensado para el presente, pero también para el futuro del pueblo. Algo que, al menos por ahora, tendrá que esperar. Así cierran una etapa. Sin ruido, sin dramatismos, pero con ese poso de las cosas que se han intentado de verdad.

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