Semana Santa

El Resucitado vuelve a brillar en Logroño

Como si de un abrir y cerrar de ojos se tratase, la Semana Santa apura sus últimos compases en las calles de la capital. Sin embargo, el ambiente de este domingo es algo distinto: el luto ha desaparecido, las calles parecen empezar a respirar y el sol se ha alineado para crear una jornada perfecta.

La Cofradía de la Entrada de Jesús en Jerusalén ya está en las calles con una talla con fecha de caducidad, ya que la hermandad prepara una nueva imagen cuya salida procesional estaba prevista para este año. Sin embargo, la carga de trabajo del maestro Martín Nieto ha hecho imposible su veneración en este 2026. Con atino, precisión y una coordinación exacta, los portadores del Resucitado se han dirigido hacia la salida del cementerio con la cabeza puesta en la complicada maniobra.

«¡A las manos, al suelo, poco a poco hacia delante, al cielo!». Estas han sido las órdenes exactas para esquivar la puerta del Cementerio de Logroño y desatar la emoción y los aplausos de los cientos de fieles que se congregaban a la salida. El cortejo avanza con la seguridad de estar en uno de los días más importantes para la fe, pero con la tristeza de quien sabe que son sus últimos pasos como cofrade en este 2026.

Ya no hay velos, cruces pesadas ni partituras fúnebres; la vida se ha abierto paso y se ha materializado en una talla que, al pasar por el Puente de Piedra, enamora a cientos de personas con su paso firme, triunfal y victorioso. Detrás de ella, decenas de personas se unen al cortejo con el anhelo de volver a respirar incienso en las calles, de emocionarse con el solo de una trompeta o con el silencio que impone el llamador en una calle estrecha.

Mientras el cortejo cruza el Puente de Piedra, las aguas del Ebro reflejan la luz de un domingo radiante, dejando estampas para el recuerdo en el centro de Logroño. Atrás queda el luto de los días previos; este domingo el ambiente suena a marchas de gloria y la imagen avanza con un ritmo alegre que contagia a todos los presentes.

Esta procesión, encargada de poner el broche a la Semana Santa de Logroño, ha estado cargada de simbolismo. Más allá de la compleja maniobra para salir del Cementerio, la hermandad ha saludado con el paso a la parroquia de San Antonio, a la que une un vínculo especial, y ha cumplido con su habitual visita a los enfermos del Hospital General de La Rioja. Pero especialmente emotivo ha sido el homenaje en La Enseñanza a los hermanos que, hace ya cuatro décadas, impulsaron la procesión de un Resucitado que el año que viene estrenará impronta con la nueva talla que llegará a Logroño el próximo otoño.

Comienza, pues, una larga espera. Porque en términos cofrades el final no es sino un paso de página, un punto de inflexión para regresar con nuevas energías e ilusiones la próxima primavera. Así,  en el corazón de cada cofrade ya empieza la cuenta atrás y lo hacen con el orgullo de haber protagonizado una de las Semanas Santas más multitudinarias de la capital; fieles a su espíritu, han forjado una hermandad que hace familia y genera orgullo de ciudad.

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