Avanza a paso lento pero firme la Semana Santa logroñesa y ya son tres las jornadas donde la lluvia amenaza pero no muerde. A las ocho y media de la tarde se ha abierto el portón lateral de la iglesia de Santa Teresita en la Calle Somosierra. Cientos de personas se congregaban agolpados, atentos, en silencio, a la salida de la procesión de la Flagelación.
Mientras se abría la puerta se iba escapando el humo del incienso que prendían en el interior de la Iglesia y pocos segundos después, ante un silencio que imperaba, la cruz de guía aparecía y detrás de ella todo el cortejo de la Hermandad que ha pisado de nuevo la calle en su sesenta efeméride.

Más de medio millar de cofrades acompañan a uno de los pasos más queridos y espectaculares de Logroño. Su portadores, atentos al llamador, escuchan el primer golpe y su banda empieza a interpretar los primeros acordes que han acompañado a sus portadores hacia la complicada salida del templo.

Con precisión, silencio y mucha coordinación la talla ha conseguido esquivar el dintel, y los aplausos y cornetas han estallado con fervor por ver iniciado el Martes Santo en todo su esplendor. Esta hermandad es la única en la ciudad que porta su paso al estilo ‘molía jerezana’, lo que convierte cada movimiento en una conversación perfecta con el ambiente y la música. Por otro lado, cada año van cambiando, en la medida de lo posible, el recorrido para pasar por las calles de sus cofrades ya fallecidos.
Mientras tanto, la ciudadanía logroñesa disfruta de las delicias de un paso que siente con cada golpe de llamador y que avanza lento, como si quisiera quedarse toda una vida en la calle.


