Agricultura

El Raso, la huerta que nutre al norte del país

La Cooperativa El Raso de Calahorra promociona su género dentro y fuera de la región pese a la pérdida progresiva de socios

Daniel Blanco y Mario Oliván, trabajadores de la Cooperativa El Raso de Calahorra. | Fotos: Leire Díez

Las carretillas y las transpaletas van y vienen por las diferentes naves de la Cooperativa El Raso de Calahorra. Algunas, cargadas de verdura; otras, dispuestas a hacerlo con el género recién llegado del campo. Y en medio del recorrido de estas herramientas de transporte, las barcas apiladas se acumulan en el centro del almacén con el género riojano, pero también con tomates y fresas de Almería o mandarinas y naranjas llegadas de Mercamadrid.

El Raso viene a replicar el trajín comercial que se vivía antaño en aquella plaza homónima del centro de Calahorra donde se vendían los productos locales hasta que se decidió dar el paso a Mercarioja, corroborando la calidad de esa verdura de La Rioja Baja. Ese fue el impulso para fundar en 1986 esta Sociedad Cooperativa y aglutinar así a todos los agricultores de la zona. Hasta unos 60 socios ha llegado a tener este almacén, pero desde hace años no corren buenos tiempos para el sector primario y ahora son 35 los productores que continúan abasteciendo este mercado.

«Eso sí, la media de edad rondará los 55 años», apunta Daniel Blanco. Él es el técnico de Calidad de El Raso, responsable de gestionar toda la trazabilidad de los alimentos. En los cinco años que lleva en la cooperativa asegura que «se han jubilado más de una decena de agricultores». Una tendencia progresiva que hace que cada vez dependan más de productos llegados de fuera (Madrid y Navarra) para seguir cubriendo la demanda, aunque la producción local continúe liderando las estadísticas con género de Calahorra, mayormente, así como de Pradejón, San Adrián y Sartaguda. Productos que llegan a todo el norte del país: «Comercializando en fruterías y comercios de La Rioja y comunidades limítrofes, pero también enviamos género a Madrid, Zaragoza, Asturias,…».

Apenas son las 9:30 horas y Pablo Fernández acaba de llegar con su tractor cargado de unas 55 cajas de coliflores (seis en cada una) recién cogidas en sus fincas de Pradejón. Son las primeras de la variedad talvena, la más tardía de las que cultiva y que estará recogiendo durante la próxima semana, antes de que empiece la campaña del espárrago y la plantación del tomate.

Coliflores que apenas pasarán unas horas en los almacenes de El Raso y es que el palé completo ya tiene fijado su destino: esta misma mañana pondrá rumbo a Zaragoza. Fernández es el socio más joven de la cooperativa (tiene 26 años) y abastece, además de coliflores, espárragos y tomates, de repollo en invierno y de pimienta en verano. «Llevo en esta cooperativa ya cinco años, que el tiempo pasa rápido», echa cuentas mentales mientras no cesa en la descarga de las cajas.

Después será el turno de Blanco como responsable de Calidad. «Cada caja va con su número de lote para establecer así un control del recorrido de esos alimentos. Esos códigos indican el tipo de producto que es, el número de socio productor, la finca de la que procede el género y la fecha en la que se ha traído a la cooperativa», explica, haciendo hincapié en las «cada vez más frecuentes» normas de etiquetado a las que toca hacer frente. A partir de ahí, hay productos que se conservan durante más tiempo en las cámaras frigoríficas de la cooperativa, como son las peras y las manzanas.

La coliflor, cuya época de recolección abarca desde septiembre hasta mediados de junio según variedades, es el género que copa estos días el mayor volumen de género, pero también entran las últimas alcachofas y partidas de brócoli, repollo, lechuga y borraja de invernadero antes de que empiecen a llegar los primeros espárragos, también cada vez menos abundantes. «Es cierto que la hortaliza es rentable, o al menos más que otros cultivos, pero el principal problema que tiene es la falta de mano de obra, indispensable para poder mantener estos cultivos de huerta. Aún así, la falta de relevo es general y los pocos jóvenes que quedan son porque sus padres ya tenían la explotación porque empezar de cero es muy complicado por la gran inversión que supone», apunta Blanco.

Acaba de llegar a la cooperativa Miguel Ángel Losantos con otro cargamento de coliflores. Este calagurritano con más de 30 años dedicados a la huerta está a las puertas de jubilarse y reconoce que ya no se ve a gente joven en el campo: «El amigo de mi sobrino y su novia sí que van y se puede decir que son un caso extraño a día de hoy». Mientras tanto El Raso continúa recibiendo y dando salida al género a diario, mientras también atiende la venta directa en sus instalaciones, aunque cada vez esta ocupa un menor volumen. «¿Quién va a pasar horas limpiando borraja o cardo ahora?».

Fidela es una de las clientas veteranas de la cooperativa. Acompañada por su hijo, acude a El Raso siempre que puede para comprar aquello que no le da su huerta. Esta vez ha tocado un saco de patatas y unos cuantos ajos. «A veces también cogemos alubia verde», apunta esta vecina de Calahorra mientras saca el monedero para pagar.

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