Hay mucho trabajo detrás de cada rincón cuidado de la Catedral de Calahorra. A simple vista, todo parece eterno pero la verdad es bien distinta. Mantenerla en pie, viva y digna, exige un esfuerzo constante. Y ahí, casi siempre sin hacer ruido, aparece la Asociación de Amigos de la Catedral.
Su presidente, José Antonio Royo, lo explica con claridad, sin dramatismos pero con una preocupación constante: hacen falta socios. Es una necesidad real. «La catedral es el patrimonio de todos los calagurritanos, y como tal tenemos que mantenerla y mejorarla», insiste. Porque detrás de cada intervención hay números muy importantes: más de 1,3 millones de euros invertidos en los últimos años. Y el ritmo no se detiene. «Solo el alquiler de un andamio supone unos 2.000 euros al mes», explica.
El problema, además, es silencioso. Poco a poco, el relevo generacional se diluye. «Los padres se mueren y los hijos no continúan», resume Royo, con una mezcla de resignación y urgencia. Y es ahí donde la asociación lanza su mensaje: sin apoyo, sin nuevas incorporaciones, será cada vez más difícil sostener el nivel de conservación que hoy tiene la Catedral.

Mientras tanto, el trabajo sigue. Ahora mismo, buena parte de los esfuerzos están centrados en la restauración de varias capillas, piezas clave del conjunto patrimonial. Tras haber intervenido en distintos espacios en los últimos años, este verano está previsto culminar la restauración de la capilla del Niño, un proyecto que ha requerido una inversión importante y en el que también ha colaborado el Ayuntamiento. Y casi sin pausa, ya se preparan los trámites para la siguiente actuación: la capilla del Pilar, que será el próximo gran reto.
No son intervenciones menores. Cada restauración implica meses de trabajo, estudios previos, financiación y una delicadeza extrema para respetar el valor histórico del espacio. Pero también son la mejor manera de entender qué hace realmente la asociación: no solo conservar, sino recuperar, poner en valor, devolver brillo a lo que el paso del tiempo ha ido desgastando.

A ese esfuerzo patrimonial se suma otro igual de importante: dotar de vida a la Catedral. Porque Amigos de la Catedral no se limita a restaurar muros. También impulsa actividades, colabora en la programación cultural y participa en la organización de conciertos que están llenando el templo en los últimos meses.
En esa misma línea, la asociación también ha contribuido a mejorar las infraestructuras del recinto. Este año, por ejemplo, ha financiado la adquisición de un centenar de sillas, un paso pequeño en apariencia, pero clave para poder acoger actividades sin depender continuamente de los recursos del Ayuntamiento.
Todo suma. Cada socio, cada aportación, cada iniciativa. Porque, como insiste Royo, mantener un patrimonio como este no es tarea de unos pocos. Es una responsabilidad compartida y eso pasa por colaborar haciéndose socio.


