La iglesia de Iglesia de Santiago el Real ha acogido este jueves el pregón de la Semana Santa de Logroño, pronunciado por el obispo de la Diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño, Santos Montoya. Un discurso más breve de lo habitual, pero cargado de profundidad espiritual, en el que el prelado invitó a los logroñeses a vivir estos días como una experiencia personal de fe.
Bajo el título ‘Retazos de Semana Santa’, Montoya ha articulado su intervención como una reflexión íntima, casi en clave de examen interior, en la que ha apelado a la vivencia individual de cada creyente. En este sentido, ha animado a cada asistente a construir su propio «pregón personal», evocando recuerdos, emociones y experiencias vinculadas a la Semana Santa, desde las imágenes hasta los sonidos o las personas con las que se han compartido estos momentos.
El obispo ha subrayado que las procesiones no han sido meras manifestaciones externas, sino un lenguaje simbólico que ha interpelado directamente a quien las contempla. Cada gesto -desde el silencio hasta el redoble de los tambores, pasando por los encuentros entre pasos o los giros en las calles- «habla» al espectador y le invita a interpretar su propio papel en la historia que se representa.

El prelado también ha reflexionado sobre los símbolos de la Pasión -cuerdas, clavos, espinas o flagelos- como una llamada a examinar las propias actitudes. En una lectura actualizada, ha sugerido que esas herramientas de sufrimiento han encontrado hoy su reflejo en gestos cotidianos, palabras o actitudes que han herido a los demás, incluso cuando se han presentado de forma aparentemente inofensiva.
El pregón ha tenido asimismo un marcado acento social. Montoya ha recordado la reciente Jornada por la Vida celebrada en El Espolón de Logroño y ha defendido la necesidad de proteger toda vida humana en cualquier circunstancia, aludiendo al sufrimiento de situaciones concretas de actualidad, como la eutanasia a la joven Noelia, este mismo jueves. En este contexto, ha insistido en que no se puede «seleccionar» unas realidades frente a otras, sino que todas merecen la misma defensa y acompañamiento.
Uno de los momentos más evocadores del discurso ha llegado al abordar algunas escenas concretas de la Semana Santa logroñesa. El obispo se ha detenido en la procesión del Domingo de Ramos y en la figura de la Borriquita, destacando el concepto de disponibilidad en el que ahonda el pasaje bíblico que representa. Por ello, ha invitado a cada persona a preguntarse qué debe ofrecer o cambiar en su propia vida.

También ha puesto el foco en los encuentros que en la próxima Semana Santa protagonizarán diferentes hermandades de la ciudad durante sus procesiones, a modo de saludos entre pasos, interpretándolos como símbolo de reconciliación y esperanza. A través de ellos, ha llamado a superar distancias personales, familiares o sociales, y a propiciar el reencuentro en un mundo marcado por divisiones, conflictos o migraciones forzadas.
El pregón ha concluido con una mirada al futuro inmediato de la Semana Santa de Logroño, destacando el papel de las cofradías (las agrupadas en la Hermandad de Cofradías y las que se encuentran en fase de constitución) como transmisoras de la fe y ejemplo de unidad. Montoya ha apelado a vivir estos días como un camino compartido hacia el «encuentro definitivo», recordando que, en el centro de todo, ha estado la entrega de Cristo «por cada uno».

Con un tono sereno y reflexivo, el obispo ha dejado un mensaje claro: la Semana Santa no solo se contempla, sino que se vive desde dentro, como una invitación personal a la conversión, al encuentro y a la esperanza.


