La Rioja

El obispo riojano suscribe que la eutanasia de Noelia es «una derrota social»

El obispo de la Diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño, Santos Montoya, figura entre los cuatro firmantes de un manifiesto episcopal que reflexiona sobre el caso de Noelia, la joven de 25 años que este jueves recibirá la eutanasia tras 601 días de litigios.

El documento pone el acento en que este tipo de situaciones «no puede interpretarse solo en clave de autonomía individual», sino que requiere una mirada más amplia que tenga en cuenta factores como la soledad, la desesperanza o las carencias en la atención institucional. En este sentido, los obispos advierten de que la respuesta al sufrimiento no puede ser la eutanasia o el suicidio asistido.

El texto subraya que la eutanasia «no es un acto médico, sino la ruptura deliberada del vínculo del cuidado», y la define como «una derrota social» cuando se presenta como solución al dolor humano. Los firmantes insisten además en que, en este caso, no se trata de una enfermedad terminal, sino de «heridas profundas que reclaman atención, tratamiento y esperanza».

En el manifiesto, al que se suma el prelado riojano, se defiende que la dignidad humana es un valor intrínseco que no depende del estado de salud ni del grado de autonomía de la persona. Por ello, abogan por una respuesta basada en el acompañamiento, los cuidados adecuados y el apoyo integral, frente a cualquier práctica que suponga provocar la muerte.

El texto también expresa cercanía hacia la joven y su familia, a quienes los obispos trasladan su «oración, afecto y compromiso», al tiempo que lanzan un llamamiento a la sociedad para reforzar los recursos de atención psicológica y las redes de apoyo, especialmente entre los colectivos más vulnerables.

Junto a Santos Montoya, firman el manifiesto el presidente de la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida, José Mazuelos Pérez; el obispo de Barbastro-Monzón, Ángel Pérez Pueyo; el obispo de Alcalá de Henares, Antonio Prieto Lucena; y el obispo emérito de Ciudad Real, Gerardo Melgar Viciosa.

El manifiesto concluye con una reflexión que resume su mensaje central: «Cuando la vida duele, la respuesta no puede ser acortar el camino, sino recorrerlo juntos».

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