Cultura y Sociedad

Calahorra activa su Catedral: más abierta y más cultural

La Catedral de Calahorra se prepara para vivir meses de intensa actividad. No es solo una programación cultural al uso. Hay algo más detrás: la intención clara de convertir este espacio en un punto de encuentro vivo, abierto, donde el patrimonio no solo se contemple, sino que se experimente. Música, visitas, patrimonio recuperado… todo suma en una propuesta que se alargará hasta bien entrado el otoño.

El hilo conductor es sencillo: abrir la Catedral y el Palacio Episcopal a la ciudad y a quienes llegan de fuera. Y hacerlo, además, con continuidad. Si el año pasado ya se dio un paso en esa dirección, este 2026 el salto es más decidido. La apuesta pasa por combinar programación estable con pequeñas novedades que, poco a poco, van ampliando lo que se puede ver y disfrutar.

Uno de los pilares será, de nuevo, la música. La Catedral mantendrá el formato que tan buen resultado ha dado en los últimos meses: un concierto al mes. La idea no es solo llenar el calendario, sino crear hábito. Que el público sepa que, de manera regular, hay una cita cultural en este espacio. A partir de mayo, los conciertos se trasladarán al templo y al claustro, aprovechando el buen tiempo y la atmósfera que estos lugares generan.

El ciclo contará con la colaboración de distintas entidades locales, como Juventudes Musicales o Amigos de la Catedral, y con el respaldo del Ayuntamiento en algunas citas destacadas. Habrá propuestas variadas, desde conciertos corales hasta actuaciones más íntimas, con la intención de atraer a públicos diversos. Y, además, algunas fechas tendrán un significado especial, como el concierto vinculado a la figura de Don Ángel, histórico organista de la Catedral, que contará con la participación de la escolanía de la Catedral de Burgos.

Pero la actividad no se queda en la música. Uno de los grandes focos está también en las visitas. La Catedral ya ha retomado su horario habitual, pero durante los próximos meses se adaptará a los momentos de mayor afluencia. En periodos como Semana Santa o eventos destacados en la ciudad, el objetivo es claro: que nadie se quede sin entrar. Se apostará por horarios continuados y una mayor flexibilidad para facilitar la experiencia del visitante.

En paralelo, el Palacio Episcopal vuelve a abrirse al público. Si el pasado año apenas se podía visitar una pequeña parte, este 2026 se amplía el recorrido. A las estancias ya conocidas se suman ahora nuevos espacios como el comedor, la antebiblioteca o una zona expositiva con piezas de arte que hasta ahora permanecían en depósito. Es un crecimiento progresivo, pero significativo.

Y es que el Palacio no es solo un edificio anexo, sino una pieza clave en el relato patrimonial de la ciudad. Las obras realizadas en los últimos meses han permitido dignificar espacios y hacerlos visitables, con la vista puesta en seguir ampliando ese recorrido en el futuro. De hecho, ya se trabaja en proyectos como la instalación de un ascensor que permita abrir todas las plantas y mejorar la accesibilidad, aunque ese proceso todavía dependerá de la concesión de ayudas estatales.

A todo esto se suma también la incorporación de nuevas piezas al patrimonio. Dos cuadros recientemente donados —uno de María Magdalena y otro de la Virgen de Valvanera— pasan a formar parte de los fondos del Palacio. Más allá de su valor artístico, tienen también un componente simbólico: refuerzan la idea de un espacio que sigue creciendo.

Hay, además, un elemento que atraviesa toda la programación y que quizá es el más importante: la voluntad de conectar con la gente. No solo con los visitantes, sino con los propios calagurritanos. La Catedral quiere ser un lugar al que se vuelva, no solo en momentos puntuales, sino de manera habitual. Que forme parte de la vida cultural de la ciudad.

Ese objetivo se percibe en los detalles. En la mejora de las infraestructuras, como la adquisición de nuevas sillas para eventos; en la implicación de asociaciones locales, que sostienen buena parte de la actividad; o en la propia filosofía de apertura, que busca equilibrar el uso litúrgico con el cultural y turístico.

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